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Opinión | CORTO Y AL PIE
Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora adjunta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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Damm cumple 150 años: historia familiar, arraigo en Barcelona y expansión internacional

La cervecera Damm celebra por todo lo alto su 150 aniversario con una fiesta en el Liceu

La cervecera Damm celebra por todo lo alto su 150 aniversario con una fiesta en el Liceu / Damm

Anoche, el Liceu acogió una historia de familia y de Barcelona que se extiende a lo largo de tres siglos. Damm celebraba sus 150 años y lo hacía en un escenario que forma parte del imaginario colectivo y situado a apenas un kilómetro de donde nació la empresa, como recordó su presidente ejecutivo, Demetrio Carceller. La ocasión invitaba a tomar perspectiva y a reflexionar sobre lo que significa alcanzar una cifra así: es poco frecuente que una compañía llegue al siglo y medio de vida, y menos aún en un sector tan competitivo como el cervecero.

Parte de esa singularidad reside en su carácter de empresa familiar. Hoy queda un único descendiente directo de uno de los fundadores, el directivo y accionista Ramón Agenjo, bisnieto de Josep Damm e hijo de la última portadora del apellido en la familia, la fallecida Josefina Bosch Damm. Con todo, la compañía sigue vinculada a sus orígenes. Junto a él, otras sagas familiares como los Carceller mantienen su presencia en el accionariado, reflejo de una empresa que ha sabido evolucionar y adaptarse sin diluir del todo su identidad. De ser una cerveza local ha pasado a convertirse en una compañía con presencia en 130 países.

Damm forma parte del paisaje cotidiano e industrial de Barcelona, por la presencia de su ‘Estrella’ en bares y terrazas, pero también por su implicación con la ciudad. A través de su fundación, que este año cumple 25 años, ejerce de mecenas en la cultura, la educación, el deporte y la recuperación de espacios compartidos, como la antigua fábrica Estrella Damm. Una vocación que trasciende lo estrictamente empresarial. 

Nada de esto, sin embargo, debería conducir a un relato complaciente. Ciento cincuenta años dan para mucho y ninguna trayectoria tan larga está exenta de momentos difíciles. Tal vez la madurez de una empresa como Damm resida en cómo convive con ellos, cómo los asume y cómo sigue avanzando sin pretender borrarlos.

Anoche en el Liceu y en la Boqueria, entre discursos y brindis, lo que se percibía era algo bastante simple, una empresa que forma parte del paisaje de la ciudad. Catalunya necesita más compañías así, agradecidas con su pasado, orgullosas de su presente y comprometidas con su futuro, que "generan y comparten prosperidad", en palabras del president Salvador Illa. Damm, previsiblemente, seguirá atenta a las oportunidades que traigan los próximos 150 años.

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