
Embajador de España.
Encaje de bolillos
Todos se han dado cuenta de que esta guerra no tiene solución militar, y el verdadero problema es ver quién cede primero y cómo todos se las ingenian para salvar la cara y decir que han ganado
El ministro de Exteriores de Irán viaja a Islamabad con una pequeña comitiva y Pakistán asegura que las negociaciones con EEUU "tendrán lugar pronto"

Un hombre en motocicleta pasa junto a un cartel con el rostro del líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, este viernes en Teherán. / AFP
Esto cambia a diario y se parece cada vez más a un encaje de bolillos, labor delicada y minuciosa donde cada pase afecta al conjunto de la obra. Donald Trump no tenía claro lo que quería cuando atacó a Irán salvo un éxito rápido, de los que a él le gustan, para seguir presumiendo de lo bien que lo hace todo y continuar abriendo los telediarios, que es algo que hace como nadie aunque solo venda humo. Ahora, pasadas varias semanas de guerra que han puesto en cuestión toda la economía mundial, Trump ya sabe que necesita salir cuanto antes del lío en que le ha metido su amigo Bibi Netanyahu, que ese sí sabe lo que quiere. Lo que pasa es que liarla y luego salirte de rositas no es fácil, porque hay que contar con los demás de la partida que tienen sus propias agendas, muchas veces incompatibles entre sí.
La de Washington está clara: con vistas a sus elecciones de noviembre, Trump necesita devolver a sus soldados a casa y parar la subida del petróleo y de la inflación, y no puede hacerlo sin un éxito que le permita decir que ha ganado y que lo que ha hecho, que ha costado un dineral y ha vaciado sus arsenales (dejo los muertos aparte) ha valido la pena. Como que ha acabado con el programa nuclear iraní (volviendo a un acuerdo parecido al que hizo Obama en 2015 y él torpedeó) y se encuentra con que Teherán, desagradecido, no le quiere facilitar ese éxito y remolonea en las negociaciones que auspicia Pakistán.
La agenda de Israel es la más clara: remodelar toda la geopolítica de Oriente Medio (Gaza, Líbano, Irán, Siria, Cisjordania e Irán) de acuerdo con sus intereses de seguridad. Y lo está consiguiendo. Por eso no quiere parar la guerra mientras no derribe al régimen iraní y acabe con Hezbolá, o al menos lo deje tan destruido como a Hamás en Gaza, mientras gana territorios en Líbano y Cisjordania.
La agenda de Irán es sencilla. Considerará una victoria sobrevivir al ataque de los ejércitos más poderosos del mundo, los de EEUU y su aliado Israel. Que no es poco. Que el país quede destruido es secundario para sus dirigentes, lo importante es salvar el régimen y la revolución islámica. Lo demás es negociable y si además acaba cobrando peaje en Ormuz (algo prohibido por el Derecho Internacional) pues miel sobre hojuelas.
La agenda del Líbano también es sobrevivir. País inventado para dar un hogar a los cristianos maronitas, su territorio fue desgajado de Siria, que sigue sin perdonarlo. Pero los maronitas ya no son mayoritarios y eso ha obligado a una inoperante arquitectura constitucional que hace que el presidente deba ser cristiano, el primer ministro sunnita y el presidente del Parlamento, chií. Está en quiebra económica y ahora Israel invade una vez más, destruye el sur y hasta bombardea Beirut para acabar con Hezbolá. Con 2.000 muertos y un millón de desplazados, Líbano necesita parar la guerra como sea.
Hezbolá, grupo chií que constituye un estado dentro del Estado libanés, nació con ayuda de Irán para luchar contra la invasión de Israel en 1982. Desde entonces, hostiga con entusiasmo a la “entidad sionista”. La actual invasión y ocupación israelí de una franja de territorio libanés hasta una “línea amarilla”, con destrucción de vidas, aldeas y viviendas, les da buen motivo para seguir en la lucha sin que el Estado libanés tenga capacidad real para desarmar a sus milicias, como exigen Israel y la ONU (resolución 1701).
Ese es el complicado escenario en el que Trump irrumpió como elefante en cacharrería. Y ahora Teherán le dice que todo está vinculado y que si quiere negociar, Israel tiene que detener sus bombardeos en Líbano. Por eso Washington ha obligado a Jerusalén a aceptar una tregua que vence hoy, para reunir en Washington a Israel, que no quiere parar su ofensiva, con Líbano, que no controla a Hezbolá... que no participa. Ese engendro no puede durar pero es útil si permite a Irán regresar a la mesa de negociaciones con Washington. Porque, a estas alturas, ya todos se han dado cuenta de que esta guerra no tiene solución militar, y el verdadero problema es ver quién cede primero y cómo todos se las ingenian para salvar la cara y decir que han ganado. Será interesante ver cómo unos y otros tratan de atar esa mosca por el rabo.
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