
Escritor y periodista.
El 'pendrive' de la discordia
La lucha personal de Sánchez por el poder ha dañado el capital histórico del socialismo español, incluso como alternancia de futuro

Pedro Sánchez. Sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca
La lucha por el poder es una de las constantes de la vida, en todas las épocas, también en la era cumbre de la solidaridad emocionalista. Con una mano se practica el buenismo y con la otra se despedaza al enemigo. Ha aparecido por fin el 'pendrive' con la agitada sesión del comité federal socialista de 2016 y las imágenes dramáticas de la lucha por el poder en el PSOE impresionan a la ciudadanía, la misma que es capaz de cualquier exceso en las juntas de vecinos. Hubo algo de riña tabernaria en el 'pendrive' del primer sanchismo. El contraste entre el sector legalista y el sector proSánchez viene a ser como un viejo episodio nacional. Pero las antiguas disputas entre Indalecio Prieto y Largo Caballero, siendo también lucha por el poder, aludían a un dilema estratégico.
En cambio, aquel comité federal que desemboca en la dimisión de Pedro Sánchez como secretario general –luego, de nuevo, al frente del PSOE y hoy por hoy en La Moncloa- fue una estricta lucha por el poder por parte de lo que luego sería el sanchismo. Después de dimitir y con el sensato Javier Fernández como regente del PSOE, Pedro Sánchez y sus 'groupies' embarcaron en un Mercedes GLC negro –y no en el célebre Peugot- para recuperar el control en los despachos de Ferraz. Fue un largo recorrido, cuyo final no está escrito y que en parte se va a redactar en forma de sentencias judiciales.
Durante todo este tiempo, si no se demuestra lo contrario, el 'pendrive' con las escenas turbulentas de aquel comité federal estuvo escondido en algún repliegue tectónico del PSOE. Aparece en el momento en que Sánchez va perdiendo elecciones autonómicas, improvisa una política exterior insensata y se enfrenta al poder judicial, con dos secretarios de organización del PSOE –Ábalos y Santos Cerdán- acusados de mil tropelías.
Pactar o no con Podemos era la gran divisoria en el PSOE. Sánchez fue más allá, apoyándose en Bildu, Esquerra Republicana y Junts. Esa mutación se asemejaba, además, a la del Partido Demócrata norteamericano, tan entregado al identitarismo y a las minorías que abrió las puertas de la Casa Blanca a Donald Trump. Habrá que ver hasta qué punto Sánchez ha perjudicado al PSOE con sus alianzas y pactos, en lugar de resituar a la socialdemocracia y asumir las realidades del siglo XXI, con la inmigración en lugar preferente. Su lucha personal por el poder ha dañado el capital histórico del socialismo español, incluso como alternancia de futuro.
Lo más penoso es que el PSOE quede tatuado con las imágenes del 'pendrive', los conciliábulos a toda prisa, la urna tras la mampara y las traiciones filmadas en directo. Ahora ya es del todo nítida la linde crucial entre el sanchismo y un PSOE socialdemócrata y sin alianzas o coaliciones rupturistas. No será fácil ponerle una nueva cara pero estar perdiendo tanto poder autonómico pudiera ser un acicate. Oponerse tanto a Trump pierde fuelle cuando se ha protagonizado un 'pendrive' tan convulso, aunque fuera hace diez años.
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