
Escritor
Un león sin miedo
El Papa no teme a los exabruptos ni a los cromos esperpénticos, ni a las amenazas
Las 'cruzadas' de Trump ahondan el cisma entre Estados Unidos y el papa León XIV

El Papa León XIV, en la Ciudad del Vaticano, el 18 de marzo de 2026. / Evandro Inetti/ZUMA Press Wire/d / DPA
Estoy convencido que los cristianos se han sentido más ofendidos por aquella estampa grotesca de Trump oficiando de Mesías en una imagen artificial parecida a la de esos opúsculos de los Testigos de Jehová que por el Jesús crucificado que fue descendido con violencia de la cruz y destrozado por la furia de un soldado israelí en el Líbano. Eso sí, la acción bélica contra el crucifijo ha merecido el rechazo unánime del Gobierno de Israel, con Netanyahu al frente, que ha prometido una "dura acción disciplinaria" y que ha expresado "el rechazo por el incidente y por cualquier pesar que haya causado en los creyentes de todo el mundo". Los cristianos no creo que se hayan sentido ofendidos por el ataque a un símbolo; más bien se ofenden por los asesinatos reales perpetrados por soldados y colonos, por las víctimas inocentes de la invasión del Líbano y Gaza, por las violaciones reiteradas de los derechos humanos en Cisjordania, por la continuada y ferviente política de aniquilamiento de la población, del país, por el genocidio infame. Esto es lo que quiero pensar y me atrevería a decir que es lo que piensa también el Santo Padre, porque cuando dice que "Dios no está al lado de quien tira bombas" afirma, al mismo tiempo, que la moral cristiana no puede admitir la existencia de una guerra contraria al mensaje del Evangelio.
Trump quizá tenga razón en algo: “Si yo no estuviera en la Casa Blanca, él no estaría en el Vaticano”. Se habló mucho, en su día: la intuición de los cardenales derivó en un Papa estadounidense como contrapeso ético y diplomático a la deriva autoritaria de Trump. Después de casi un año de pontificado discreto, menos mediático que Bergoglio, menos “franciscano”, Prevost ha enseñado las garras de la dignidad frente a quien querría que “se centrara en ser un gran Papa” (es decir, en ser “su” Papa), a quien se atreve a cuestionar, como ha hecho el converso J.D. Vance, sus reflexiones teológicas. León XIV no teme a los exabruptos ni a los cromos esperpénticos, ni a las amenazas. Puede que sí, quizás el Espíritu Santo, hace casi un año, acertó en la elección.
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