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Opinión | Un manifiesto
Andreu Claret

Andreu Claret

Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO

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El tecnofascismo asoma la cabeza

Alex Karp, el todopoderoso director general de Palantir, ha tenido a bien publicar un manifiesto que nos permite saber qué hay en la cabeza de los llamados ‘technobros’ que acompañaban a Trump en su toma de posesión

Alex Karp, cofundador y director ejecutivo de Palantir.

Alex Karp, cofundador y director ejecutivo de Palantir. / MSC/Hildenbrand

No suelo utilizar la palabra fascismo en vano. Ni siquiera cuando escribo sobre la extrema derecha o las ocurrencias de Donald Trump. Me parece que obedecen a fenómenos complejos que no caben en una palabra. Sin embargo, hoy lo hago sin ambages para referirme al propósito que anima a algunas grandes empresas tecnológicas norteamericanas. No se trata de sacarle más punta de la cuenta a aquel gesto histriónico de Elon Musk alzando el brazo a la romana. Alex Karp, el todopoderoso director general de Palantir, ha tenido a bien publicar un manifiesto que nos permite saber qué hay en la cabeza de los llamados ‘technobros’ que acompañaban a Trump en su toma de posesión. Hombres que dirigen empresas con una ingente capacidad de recolectar y analizar datos en tiempo real y de poner este conocimiento al servicio de lo que sea. La guerra de Irán, la masacre de Gaza, la nueva policía de Estados Unidos, el control de las fronteras, la seguridad o, como sucedió con Palantir, la captura de Andrés Maduro.

Los 22 puntos del manifiesto son una joya. Se nota el doctorado en filosofía de Karp, y también el desparpajo de Peter Thiel, el presidente de Palantir. Thiel, que también es filósofo, se define a sí mismo como un pensador “contrario”. Contrario a todo reformismo, político o empresarial. El propósito de todo empresario debe ser inventar, destruir, crear. Sin restricciones. Sin manías regulatorias. Aboga por empresas que cabalguen libres, a caballo de la Inteligencia Artificial. Thiel, que promovió a J.D. Vance como vicepresidente, lleva tiempo asegurando que libertad y democracia han dejado de ser compatibles. Amigo de Epstein, le utilizó para vender su tecnología a Israel. Él y Karp aspiran a dominar el mundo y lo explican sin tapujos.

¿Por dónde empezar? Por el final del manifiesto (punto 22): “Hay que resistir la tentación superficial de un pluralismo hueco”. Superficial. Hueco. Adjetivos atribuibles a todo lo ‘woke’ e incompatibles con el lenguaje de macho alfa utilizado por Musk. O por el principio (punto 1): “La elite de Silicon Valley tiene el deber moral de participar en la defensa nacional”. Basta de tonterías como invertir en ‘apps’ para los iPhone. El dinero debe ir a la defensa. No se trata de aprovecharse del Estado (aunque también), sino de dominarlo. ¿Con qué propósito? Construir una República Tecnológica (con mayúsculas) basada en un poder duro que substituya a la desacreditada diplomacia. Todo ello, para asegurar la supremacía de la civilización occidental. “Las culturas no son iguales, unas producen avances, otras son disfuncionales y regresivas” (punto 21). No todo es filosofía. Como dijeron Marx y Engels cuando publicaron otro manifiesto en 1848, ya no se trata solo de interpretar el mundo sino de cambiarlo. Por ejemplo, sustituyendo la disuasión nuclear por la de la Inteligencia Artificial (punto 12). Unas de las propuestas más aterradoras: dejar el futuro de la humanidad en manos de un mecanismo dominado por grandes corporaciones. La guerra es el futuro y no debe estar condicionada por el pasado. Ya es hora de que Alemania, donde la extrema derecha lidera las encuestas, y Japón, donde la primera ministra es la principal aliada de Trump en Asia, se rearmen (punto 15).

La abrumadora superioridad de sus plataformas de Inteligencia Artificial le ha permitido a Palantir aumentar en un 70% su facturación y multiplicar por siete su beneficio en 2025. Numerosos gobiernos europeos han contratado sus servicios, incluido el español. En otras circunstancias, estos logros producirían admiración. Tras la publicación del manifiesto, provocan escalofríos. Uno se pregunta por qué Karp y Thiel se han liado la manta a la cabeza, haciendo públicos sus sueños, cuando empresas como Palantir suelen ser las más opacas. Creo que se trata de una muestra irresistible de soberbia. El mismo narcisismo que ha llevado a Musk y otros a presentarse como redentores de un nuevo capitalismo, más descarnado, que necesita deshacerse de las adherencias liberales heredadas de la revolución industrial. Inmensamente ricos, todos son hombres blancos que nada tienen que ver con los Rockefeller, o los Ford, de principios del siglo XX. Ya lo han conseguido todo. No tienen competidores. Les falta conquistar el mundo. Y el espacio. Que Dios nos coja confesados.

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