
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
PP, Vox y Moreno Bonilla
Los pactos de Feijóo con Abascal en Extremadura y Aragón están marcando toda la política española, pero las elecciones andaluzas serán relevantes
María Guardiola ya es presidenta con el respaldo de Vox: "Gobernaré para los que se alegran y los que me critican"
PP y Vox alcanzan un acuerdo para formar el nuevo Gobierno de Aragón: los de Abascal se quedan con tres consejerías y el senador autonómico

El presidente del PP-A, Juanma Moreno, conversa con el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en la Intermunicipal del PP-A en Córdoba. / MADERO CUBERO/EUROPA PRESS
Cuatro meses después de las elecciones de diciembre, María Guardiola ha sido vuelta a investir, con los votos de Vox, presidenta de Extremadura. Y en Aragón ya hay pacto para reelegir a Jorge Azcón. Era casi inevitable. El PP, que anticipó las elecciones para poder gobernar prescindiendo de Vox, no podía ir a una repetición de elecciones y confesar que había fracasado. Todo está bien cuando bien acaba. Guardiola vuelve a ser presidenta (Azcón lo será) y el PP, que fue de largo el primer partido en ambas comunidades, dirá que ha ganado y se ha salido con la suya. Es solo una verdad a medias. La idea de que el PP podía ganar y luego gobernar, con Vox solo como un aliado de segunda, ha saltado por los aires.
Por su parte, Vox no podía aparecer -y menos ante unas inminentes andaluzas- como una piedra a la gobernabilidad. Una cosa es querer canalizar el máximo de votos de una derecha sin complejos y, al mismo tiempo, el de toda la protesta contra el sistema, y otra hacer repetir elecciones y convertirse en un agente de desorden. Además, Abascal tiene que hacer frente a la contestación de cualificados exdirigentes como Espinosa de los Monteros y, tras la derrota de Orbán en Hungría y la guerra de Irán, el trumpismo español -como el de otros países- ha perdido 'glamour'. El 20% de los votos que muchos analistas preveían, frente al 13% de las últimas legislativas, es ahora más problemático.
Por eso Vox ha firmado. Guardiola y Azcón serán presidentes, pero ellos tendrán más fuerza con la vicepresidencia y carteras de peso. Ya no son un socio menor. Y además han logrado que el PP trague “la prioridad nacional”, de raíz lepenista: que los españoles tengan preferencia en el acceso a los beneficios sociales y la vivienda protegida. Aunque el PP afirma que “la prioridad nacional”, tal como la define el pacto de Extremadura, no es la de los españoles sino la de aquellos que tienen más arraigo.
Con el arraigo, el PP quiere no caer en la inconstitucionalidad ni tampoco asumir las tesis de la extrema derecha, pero la diferencia sobre el significado de “prioridad nacional” permitirá a Vox poner, cuando quiera, muchas trabas a la gobernabilidad. Y la debilidad e inconsistencia de los pactos suscritos ya se ha visto en el Congreso de los Diputados. Vox presentó una moción con su concepto de prioridad nacional, que incluía la expulsión ('remigración') de los inmigrantes ilegales, con un discurso tremendista de su portavoz Ignacio de Hoces. El PP intentó una enmienda, pero Vox no la aceptó y, al final, el PP votó en contra. Feijóo hizo lo que debía hacer para evitar ser homologado con la extrema derecha. Pero queda claro que “la prioridad nacional” será una fuente de líos y conflictos.
Las distintas interpretaciones de 'prioridad nacional', consagrada en el pacto de Extremadura, serán el origen de muchos conflictos y líos entre los dos partidos firmantes
Feijóo sabe que un líder de centro-derecha debe ofrecer algo más que una alianza inevitable con la extrema derecha. ¿Gobernar con Vox en España cuando es el partido de Magyar, impulsado por el PPE, el que ha echado a Orbán del poder? ¿Y cuando Merz prefiere en Alemania una coalición -que no es cómoda- con el SPD, a cualquier acuerdo con la extrema derecha?
Por eso las elecciones andaluzas del 17 de mayo tendrán relevancia. Andalucía es la primera comunidad en población, la que más diputados envía al Congreso y fue territorio PSOE durante casi 40 años. Moreno Bonilla, que ya ha gobernado dos legislaturas y encarna la corriente más pragmática del PP (prefiere la organización a la épica y la confrontación) parece que ganará con amplitud. Las encuestas le dan algo más del 40% del voto, frente a poco más del 20% del PSOE. Y hay quienes dicen que su estilo recuerda al de Manuel Chaves. Pero repetir mayoría absoluta es complicado. Necesitaría 55 diputados (ahora tiene 58), pero todo dependerá de los ocho últimos escaños de las ocho provincias andaluzas.
Y Moreno Bonilla ha afirmado con rotundidad, en una sesión en La Razón, a Julián Cabrera, director de informativos de Onda Cero: “mi objetivo es gobernar sin Vox, en cualquier caso, con mayoría o sin mayoría". Vale.
Pero si es “sin mayoría” -salvo rectificación total de Abascal- implicaría buscar una abstención del PSOE en la segunda votación de su investidura. No sería un plato de gusto, ni para Sánchez ni para Feijóo.
¿Puede Andalucía cambiar la política española?
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