
Escritor
Toy Sant Jordi Story
Un lector bulímico suele ser tan desordenado como un niño travieso, así que sueñan con que el dueño los extravíe en algún punto de la casa
Tráiler de 'Toy Story 5': la era de los juguetes ha terminado, el nuevo personaje es una tablet

Fotograma del tráiler de 'Toy Story 5' / DISNEY
Sólo entiendes de qué va 'Toy Story' cuando tienes hijos (y tu casa se ve dominada por esa entropía de juguetes que cambian mágicamente de sitio; ese peluche con la cabeza metida en el wáter). Y llegas a pensar que se podría rodar una versión protagonizada por tus libros cuando tienes demasiados y se acerca Sant Jordi.
La trama podría ir así. En la mesilla de noche de ese lector no cabe ni un libro más. Una torre demasiado alta lucha contra la gravedad y se escuchan lamentos de los que están en el entresuelo. Algunos ejemplares llevan ahí demasiado tiempo y no pueden explicarse por qué su dueño no los abre de una vez o los retira a los cuarteles de invierno de alguna estantería lejana. Puede ser que alguno de ellos lleve ahí, intacto e incólume, desde el 23 de abril anterior. Y, sin embargo, llega de nuevo Sant Jordi, con la segura amenaza de que la torre va a ganar uno o dos pisos, con posibles desenlaces fatales para su precario equilibrio. Un lector bulímico suele ser tan desordenado como un niño travieso, así que sueñan con que el dueño los extravíe en algún punto de la casa.
La pila de libros en la mesilla de un lector dice tanto de su vida como la basura (qué consume, qué desecha) de la de cualquier persona. Llegados a cierto punto, la máxima que todos nos hemos prometido es: “Entra uno, sale uno”. Pero no siempre es así. Así que los libros temen la llegada de la novedad de Sant Jordi con la misma mezcla de hipocondría apenada con la que Woody recibe a Buzzlight Year (más joven, más enrollado, oliendo a nuevo) en la primera 'Toy Story'.
En todas las películas de la saga de Pixar encuentro paralelismos con algunas bibliotecas. La envidia de Woody cuando llega Buzz es similar a la del clásico ante la novedad
En todas las películas de la saga de Pixar encuentro paralelismos con algunas bibliotecas. La envidia de Woody cuando llega Buzz es similar a la del clásico ante la novedad, sí. Pero la pérdida de la infancia del niño también la sufren los tomos de Dahl o Rodari. Cuando Andy le regala sus juguetes a Bonnie se da una emoción melancólica similar a cuando alguien traspasa (por muerte o falta de espacio) su biblioteca a otra persona (no es exactamente una venta ni un regalo: realmente quiere que quien los recibe los cuide y disfrute). Lo que siente Woody cuando Bonnie juega solo con Jessi, su amiga vaquera, es lo que sienten algunos autores de mediana edad ante el ascenso meteórico de nuevas autoras (los mejores, como Woody, no echan la culpa a nadie, sino que entienden el funcionamiento del tiempo). Y acabar en un mercadillo de libros de lance sería parecido al destino de la guardería para los protagonistas de los dibujos.
Pero la gran conexión llegará con 'Toy Story 5', que se estrenará en junio. Ahí, por lo visto, el peligro viene de Lilypad, una tablet la mar de mona que podría arruinar definitivamente el interés de Bonnie por los juguetes (tal y como las pantallas amenazan, desde hace tiempo, el futuro del papel editorial).
Si la película se rodara en mi mesilla, contaría con un gran elenco. El más melodramático de los que ahora tengo ahí podría ser 'El mito de Sísifo', de Camus, que compartiría con sus compañeros de pila su visión de la existencia como absurdo. Acaso le consolarían el ensayo sobre Jesucristo y sobre el Diablo de Papini, seguramente sin éxito pese a su pasión y elocuencia. Pondrían la nota fría, pero encendida, las 'Flores tardías' de Chéjov, que acaban de llegar. Apelaría al sentimiento extraño, conflictivo pero inevitable, de los lazos emocionales 'Familia y Burguesía', de la Ginzburg. Los diarios de Jünger, que llevan allí meses, hablarían de la inminencia de una guerra. Y los de Cheever aconsejarían darse a la bebida. Habría menos desconfianza a la novedad en 'La chica más lista que conozco', de Sara Barquinero. Y propondría alguna picaresca para sobrevivir 'La vida exagerada de Martin Romaña', de Bryce Echenique, que volvió a la pila tras un exilio. Incluso habría un perro opinando, el 'Perrobot' de David Walliams, que mi hijo ha colocado ahí. Y su diario de Greg se sentiría “un pringao total”. Los 'Objetos perdidos', lo nuevo de Zanón, sabrían que en realidad se teme perder lo que se sabe que no se va a volver a encontrar. Y en alguna librería o en alguna caja o en alguna paradita callejera, el libro de este Sant Jordi aguardaría: impaciente, ajeno aún a su destino, la faja como sombrero de cowboy.
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