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Opinión | Cultura

Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

Nieve en Sant Jordi

Desde hace 96 años, el 23 de abril es el día de los libros en Catalunya. Los últimos 45 años bajo la denominación de ‘Sant Jordi’, los 51 anteriores con nombre propio. ¿Demuestran algo esas cifras?

Ambiente de Sant Jordi en Barcelona.

Ambiente de Sant Jordi en Barcelona. / Jordi Otix

Esta es la cronología de una bola de nieve. En 1926, nace oficialmente el ‘Día del libro’, impulsado por la Cámara Oficial del Libro de Barcelona. Se celebra el 7 de octubre en toda España. En 1930, cambia de fecha. Del incierto nacimiento de Cervantes, se pasa a conmemorar al aniversario de su muerte. Su coincidencia con la festividad de Sant Jordi y el tradicional regalo de rosas augura mejores perspectivas comerciales.

13 de abril de 2026: El escritor Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) aboga por expulsar a Sant Jordi de la denominación del día de las letras. Propone recuperar el nombre que, según él, siempre tuvo: ‘Día del Libro’. Las declaraciones sorprenden en una Catalunya orgullosa de la convivencia del libro, la rosa, el dragón y el caballero. Que el autor de la satírica ‘Sin noticias de Gurb’ califique al heroico Jordi de “maltratador de animales” invita a sonreír. Pero, ¿por qué celebrar la ‘boutade’ cuando puede convertirse en material inflamable?

Pronto aparecen las voces que acusan al autor de atacar la cultura catalana. El ambiente se envenena. Mendoza pasa a ser un “ultraespañolista” y su mensaje, una muestra de la catalanofobia de los pérfidos socialistas. No faltan bulos, como la mano oculta de los musulmanes o la supuesta reducción de paradas de libros en Barcelona (en realidad, hay más que nunca). Se pide la retirada de la Creu de Sant Jordi al traidor. Puigdemont, como no, se apunta a la fiesta: “Es la revancha de los resentidos. De quienes vivieron con amargura la eclosión de catalanidad después de la muerte de Franco, y nunca la digirieron (…)”. ¡Uf!

Y, a todo esto, ¿existió después de 1930 el ‘Día del Libro’? Acudo a la hemeroteca. 1932, 1934, 1936, 1946, 1950, 1960, 1965… Durante todos esos años, los actos de la celebración del patrón de Catalunya acaparan la atención de los diarios, pero también hay titulares dedicados a la “Fiesta del libro”, el “Día del libro” o la “Jornada del libro”. El nombre del evento sufre variaciones, pero siempre es tratado como una actividad particular. 1969, 1970, 1973, 1974, 1976, 1979, 1980: El apelativo a Sant Jordi como término genérico de las flores y los libros va ganando terreno, pero la denominación ‘Día del Libro’ (o ‘Diada del Llibre’) permanece. Hasta 1981. A partir de esa fecha, la D en mayúscula hace mutis por el foro. En 1982, el president Jordi Pujol aboga por establecer el ‘Dia de la llengua catalana’. Como anécdota, en 1990, Pujol y el alcalde Maragall obsequian al entonces príncipe Felipe con ‘La isla inaudita’ de Mendoza.

Desde hace 96 años, el 23 de abril es el día de los libros en Catalunya. Los últimos 45 años bajo la denominación de ‘Sant Jordi’, los 51 anteriores con nombre propio. ¿Demuestran algo esas cifras? Poca cosa. Más allá de que Mendoza se refirió a una realidad lejana y que sonreír -o debatir- sobre su provocación hubiera sido una excelente idea. Pero, claro, eso hubiera sido renunciar a exacerbar el discurso del agravio. La cuestión es hacer crecer la bola de nieve. O de ponzoña. O de otra cosa.

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