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Densificar, pero con sensatez

Salvador Illa, presidente de la Generalitat, estrecha la mano a Albert Sáez, director de EL PERIÓDICO, durante el Fòrum Municipalisme.

Salvador Illa, presidente de la Generalitat, estrecha la mano a Albert Sáez, director de EL PERIÓDICO, durante el Fòrum Municipalisme. / Zowy Voeten

Hace tiempo que el acceso a la vivienda es uno de los grandes problemas de Catalunya. La escasez de oferta y la distancia cada vez mayor entre los salarios y los precios han ido con los años empeorando la situación hasta convertirla, a día de hoy, en una verdadera emergencia. Poder alquilar o comprar un piso resulta cada vez más complicado, en especial en Barcelona y su área metropolitana. Mientras muchos pequeños municipios no dejan de perder vecinos, en la capital catalana y sus alrededores y en las principales ciudades la poca oferta ha disparado los precios de la vivienda, un encarecimiento que perjudica de forma especial a los jóvenes.

Ante la grave realidad, el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha apostado por la construcción masiva, lo que implica también “densificar tanto como podamos”. Esto es, por aumentar el número de viviendas y vecinos en un espacio urbano, aprovechando más el suelo disponible. Catalunya adolece de un importante déficit de viviendas, que se ha venido acumulando con los años. Además, la población -ya por encima de los ocho millones de personas- va a seguir aumentando. Por eso, es urgente construir y poner el mayor número de viviendas en el mercado lo antes posible. Una alternativa pasa por edificar en suelo nuevo; la otra es incrementar la densidad, o sea, construir aumentando la altura de los edificios bajos o dividiendo pisos antiguos y grandes en viviendas de tamaño más reducido.

La densificación presenta, amén de proveer más viviendas, algunas otras ventajas, como una mayor facilidad para la movilidad de los vecinos a pie o en transporte público -lo que redunda en menos emisiones- o el mejor aprovechamiento de los servicios públicos y todo tipo de infraestructuras. No obstante, el impulso a la densificación no puede llevarse a cabo de forma automática y uniforme en todas partes. Tal como señalan los expertos y algunas fuerzas políticas, hay que tener muy presente la realidad de las ciudades y los barrios para adaptar los proyectos y actuaciones a las características específicas de cada caso. Existen zonas en las que densificar no tiene sentido. A fin de que la densificación no suponga masificación, es decir, que más personas viviendo en una ciudad o barrio no se traduzca en el empeoramiento de la calidad de vida, resultan imprescindibles las inversiones, ya que se requerirán, por ejemplo, más áreas verdes -de ningún modo menos-, y el robustecimiento de los servicios, singularmente el transporte, y las infraestructuras. Simultáneamente, hay que tomar medidas y activar inversiones para equilibrar el territorio catalán. Esto supone, a la vez, combatir la despoblación que debilita a muchas localidades pequeñas e intentar mitigar la macrocefalia barcelonesa.

La densificación que el president Illa promueve debe ir de la mano del mayor consenso político. Se trata de dar respuesta a un reto mayúsculo de país, una respuesta que tiene que ser integral -considerando al conjunto de Catalunya y su heterogeneidad- y que necesariamente va a prolongarse en el tiempo. Hay, pues, que llevar a cabo un redoblado esfuerzo de diálogo, negociación y pacto. El objetivo es un acuerdo estratégico que reúna al mayor número de fuerzas políticas y alinee a las distintas administraciones, algo que en estos momentos todavía no existe.