
Director de EL PERIÓDICO
Abascal: de victoria en victoria hasta la derrota final

- / CHATGPT
Muy mala semana para el populismo de extrema derecha. Viktor Orbán, el primero de la clase que había conseguido tomar el poder y hacer el sorpaso a la marca local del Partido Popular Europeo, perdió estrepitosamente las elecciones en Hungría después de 16 años en el poder. Se marcha su caballo de Troya en el Consejo de la UE. La vía Le Pen entra definitivamente en barrena y crece enteros la vía de Giorgia Meloni, que no contrapone su nacionalismo al europeísmo. Los representantes patrios de la extrema derecha se han quedado compuestos y sin financiación en la órbita del defenestrado Orbán. Santiago Abascal ya no puede presentarse como el referente en España de un movimiento global imparable que funciona como un bálsamo de Fierabrás y convierte en voto útil cualquier majadería. El populismo es humano y pasa altos y bajos. En lo alto, Vox no ha llegado al 20% de los votos y ahora podría empezar a bajar del mismo modo que sus referentes.
El catolicismo no es de extrema derecha
La segunda grieta de la semana en las filas populistas ha venido desde Roma. León XIV se ha convertido en el antagonista más contundente de su líder global: «No tengo miedo a Trump» dijo el lunes. Y el jueves remató: «El mundo está siendo destruido por unos pocos tiranos». El primer Papa norteamericano se la juega contra el primer presidente de los Estados Unidos que ha tratado de provocar un cisma en la Iglesia católica de su país. A Trump esto le puede costar el voto católico en las elecciones de noviembre. Pero más allá del tema interno, para los amigos de Trump es una muy mala noticia. Porque lo que es cierto del derecho no lo es del revés. Toda la extrema derecha es católica, más por islamófoba que por convicción, pero todo el catolicismo no es de extrema derecha. A Abascal le apoyan El Yunque y algunos obispos amedrentados pero, como se ha visto con la regularización de extranjeros, buena parte de la jerarquía y las bases católicas son más diversas. El Papa es un mal adversario para Trump porque no le resulta fácil de descalificar y expulsar del cuadrilátero. Para muchos católicos tiene una condición próxima a la divinidad e insultarlo se considera casi casi una ofensa además de un pecado para los más mojigatos. La ignorancia tiene este problema, tan imprudente es no saber lo que es Irán como ignorar lo que es el Papa de Roma y lo que todavía significa para millones de personas, también en Estados Unidos.
Desencuentro con los empresarios
El martes el Consejo de Ministros aprobó finalmente el nuevo reglamento para la regularización de extranjeros. Una iniciativa necesaria que llega tarde y que arrancó mal al presentarla como un pacto del Gobierno con Podemos cuando no requiere trámite parlamentario alguno. En el último momento, se hizo caso al Consejo de Estado y se exigirá un documento que acredite que los solicitantes no tienen antecedentes penales. Su provocación abrió la tercera brecha de la semana en el populismo de extrema derecha, ya que los empresarios aplaudieron la iniciativa a pesar de surgir del Gobierno de Pedro Sánchez. PP y Junts, con el paso cambiado, asumieron las tesis de Vox y de Aliança Catalana contra la regularización, que tiene muchos defectos pero que responde a una realidad como es la necesidad de incorporar a trabajadores de otros países ante la caída demográfica. Y los empresarios, lógicamente, anteponen sus necesidades a sus querencias personales. Este episodio debilita a Vox y a Aliança en su pugna con el PP y Junts pero también debería hacer pensar a algunos empresarios que, encegados por parar los pies a Pedro Sánchez y a Yolanda Díaz, han dado alas a los abascales y las orriols que por su sentido de la irrealidad acaban siendo un obstáculo para la convivencia y, en consecuencia, para la actividad empresarial.
De la plaza al balcón
María Guardiola ha conseguido el apoyo de Vox para gobernar Extremadura. Y el PP ha logrado que los de Abascal entren en la gestión de la que huyeron a las primeras de cambio. Y les han endosado la inmigración. Ahora verán lo fácil que es criticar desde el patio de butacas comiendo palomitas mientras otros tienen que tomar decisiones. Los polarizadores se han apresurado a sacar los colores al PP. La jugada es arriesgada. Pero se les viene encima un síndrome como el de Podemos y Sumar en el otro lado del espectro. Lo que hay que recordar es que a Orbán le ha parado los pies en Hungría el referente local del PP. En el centroderecha el populismo ha bifurcado el voto pero en el centroizquierda se ha integrado como demuestra la Cumbre de Barcelona.
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