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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

"Prioridad nacional", ¿guiño simbólico o concesión real?

María Guardiola y Óscar Fernández, el jueves al anunciar el pacto entre PP y Vox en Extremadura.

María Guardiola y Óscar Fernández, el jueves al anunciar el pacto entre PP y Vox en Extremadura. / Jero Morales / EFE

La expresión “prioridad nacional” aparece cuatro veces en el documento de 23 páginas que recoge el pacto de PP y Vox en Extremadura. No es, por tanto, la columna vertebral del acuerdo de gobernabilidad, sino que parece más bien un guiño simbólico, una concesión retórica destinada a marcar perfil ideológico sin alterar sustancialmente su contenido.

Pero la elección de las palabras nunca es inocente y el texto introduce un marco mental que distingue entre ciudadanos en función de su origen, condición o situación legal. En este sentido, la crítica lanzada por la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, resulta significativa porque apunta a una incomodidad de fondo en el PP, aunque en realidad el giro ideológico en Génova se produjo ya hace unos meses.

Hablar de “prioridad nacional” en el acceso a determinados servicios o políticas públicas abre la puerta a una jerarquización que choca con los fundamentos del Estado de derecho. Incluso si su aplicación práctica es limitada o difusa, como el redactado del acuerdo parece entrever, su inclusión en el documento legitima ese discurso.

La expresión aparece primero vinculada al acceso a la vivienda protegida y, posteriormente, a la obtención de todas las ayudas, subvenciones y prestaciones públicas. Pero en ambos casos se apunta al empadronamiento como la fórmula para certificar el arraigo del solicitante. Y ahí está la clave, porque en España el padrón es simplemente un registro municipal independiente de la situación legal de residencia. Por tanto, habrá que esperar a la aplicación del acuerdo para conocer su verdadero alcance.

Mientras, Vox ha vuelto al redil, asume su papel de socio subordinado del PP -el acuerdo en Aragón está también muy avanzado- y deja de ser el partido que impugna el sistema al integrarse en el mismo. El avance de la legislatura en Extremadura indicará si Vox se ha salido con la suya al imponer al PP su agenda ideológica o si, como parece, ha sido Feijóo quien ha conseguido domesticar a Abascal.

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