
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
La guerra de la regularización
El Gobierno ha actuado tarde y sin transparencia, pero el PP se opone, sin razones sólidas, a una iniciativa que votó en el Congreso en 2024 y que logró una gran mayoría

Colas de inmigrantes el primer día de la regularización de migrantes / Manu Mitru
En abril del 2024 el Congreso aprobó tramitar una Iniciativa Legislativa Popular, con 611.000 firmas, que pedía regularizar a unos 500.000 inmigrantes que ya vivían en España 'sin papeles', lo que perjudicaba su situación laboral y humana e impedía su integración. Entonces -pese a que la inmigración ya generaba polémica- la ILP, entre cuyos principales promotores estaba Cáritas, generó poca oposición parlamentaria.
Y el Congreso aprobó tramitar la ILP por una gran mayoría (310 votos sobre 350) y el apoyo de todos los grupos, incluidos el PSOE y el PP y con la única excepción de Vox. Ahora el Gobierno ha decidido aprobar por decreto la regularización de los inmigrantes que ya viven en España con una serie de condiciones. Y ha aceptado las mayores garantías sobre su historial penal que exigía el Consejo de Estado. Pero lo ha hecho tarde y sin la correcta transparencia.
No sorprende que Vox se oponga porque ya lo hizo entonces, aunque hablar de "favorecer la invasión de España" suena a puro disparate. La actitud del PP es menos explicable. ¿Por qué votó a favor de la ILP y ahora se opone? Feijóo ha dicho que la regularización es "inhumana, injusta, insegura e insostenible". Es lógico que el PP se lamente porque para regularizar 500.000 inmigrantes sería muy conveniente el apoyo de un partido que gobierna en la mayoría de las comunidades. Pero, ¿es "humano, justo, seguro y sostenible" convivir con medio millón de habitantes sin derechos?
Cáritas, la Iglesia y muchos ciudadanos apoyan la regularización porque no se puede privar indefinidamente de derechos a una parte de la población. No son futuros inmigrantes, ya están aquí. Además, la inmigración es imprescindible porque tenemos un gran déficit demográfico y nuestra economía necesita más fuerza de trabajo. Por eso las organizaciones empresariales apoyan la inmigración. Sin ella ni las empresas ni los servicios sociales podrían afrontar el futuro.
La inmigración está generando un gran debate en toda Europa, pero el invierno demográfico hace que ni las empresas ni los servicios sociales puedan funcionar, y menos en el futuro, sin su aportación
Cierto, la inmigración también genera problemas. Lo estamos viendo en muchos países. Y fiscalmente generarán tantos recursos (ahora básicamente a la Seguridad Social) como demanda de servicios de todo tipo, desde la sanidad a la educación. El debate necesario es si la inmigración futura debe hacerse de forma irregular y espontánea -los cayucos y los aeropuertos con tráfico internacional- o de forma regulada y ordenada. En este sentido los gobiernos españoles -no sólo este- no han estado a la altura. Y cierto -como sistema- la regularización de ilegales podría llegar a poner en peligro la libre circulación de personas en Europa, el espacio Schengen.
Hay países que creen -es competencia interna- que hay que hacer alguna marcha atrás. Alemania, por ejemplo, premiará a los sirios que -la situación de su país es otra que en 2015, cuando Merkel decidió acogerlos- quieran volver a su país. Pero Alemania tiene un déficit demográfico similar al español. Y la Italia de Meloni, con un discurso radical contra la inmigración ilegal, ya decidió dar 450.000 permisos de trabajo para extranjeros del 2023 al 2025. Y está dando más.
En vez de guerrear sobre la actual regularización sería interesante ver -sin apriorismos- qué pasa en Italia, que no se distingue por la eficacia de su administración, y que parece caracterizarse por un 'no' radical -incluso inhumano- a la inmigración en pateras, que enriquece a los traficantes, y un 'sí' decidido a la inmigración regulada y selectiva.
La realidad española es que Sánchez ha decidido regularizar porque cree que, aparte de humana y necesaria, no le perjudicará electoralmente y le ayudará en la polarización contra el PP y Vox. Y Feijóo está en contra por ir contra el Gobierno, porque intuye que es una bandera que le conviene y sabe que oponerse es una condición necesaria para los pactos con Vox que ha decidido aceptar como inevitables.
Felipe González dijo una vez que no era optimista porque la política española se parecía cada día más a la italiana, "pero sin italianos". Me he acordado esta semana por el gran choque sobre la inmigración y porque la líder de izquierdas italiana no ha dudado en aplaudir a Meloni cuando ha criticado la guerra de Trump en Irán y los bombardeos de Netanyahu sobre el Líbano. ¿Cursillo italiano para Sánchez y Feijóo?
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