Opinión | Literatura

Periodista
La gente de la cultura
Cuando hablamos de cultura a menudo nos ponemos grandilocuentes, pero la gente de la cultura son aquellos que, sin hacer demasiado ruido, dedican horas a conseguir que los libros encuentren lectores

Interior de la librería Altaïr, en Barcelona. / EP
Hace un mes y medio que presento la novela 'La segunda vida de Ginebra Vern' por pueblos y ciudades. Aún no me he acostumbrado del todo. Escribir es una actividad solitaria y silenciosa, pero cuando publicas de pronto te encuentras hablando delante de personas que no conoces de nada y que, por algún motivo misterioso, han decidido venir a escucharte.
Llegas a un lugar que no conoces. Te esperan los organizadores, a quienes tampoco conoces. Te saludan con una cordialidad que agradeces porque en ese momento tienes una pregunta pinchándote los nervios: ¿vendrá alguien? Los minutos antes de empezar son de una extrañeza absoluta hasta que comienzan a entrar. Sonrisas, saludos, algún libro en la mano.
Durante años escribes solo. Horas de conversación interior, silencios y dudas frente al ordenador. Y de pronto aquellos personajes que solo habitaban en tu cabeza pasan a ser también un poco de los demás. Y vuelves a inquietarte: ¿interesará este universo que has ido construyendo palabra a palabra?
Siguen allí, escuchando, empujados por una red casi invisible de personas que cada día trabajan para que los libros y el pensamiento lleguen a las manos de alguien. Todo esto no existiría sin personas como Montse Barderi, que hace un trabajo incansable desde el Ayuntamiento de Sabadell movilizando lectores con una convicción que solo tienen quienes aman los libros de verdad. Si en cada ciudad y pueblo hubiera alguien como ella, las cosas nos irían mejor. También pienso en Manuela Moya, del Ayuntamiento de Vila-seca; me impresionó su energía. Comparte con Montse la obsesión de que en su casa, su municipio, pasen cosas. Después están los libreros y los clubes de lectura. Puedo hablar de Enric Pallarés, librero de El Racó del Llibre de Rubí; de Lurdes Daina, de Caselles de Lleida; o de Magda Gual y sus compañeras, que han tomado las riendas de Saltamartí de Badalona, por destacar solo a tres. Y los que desde los medios locales difunden cultura; tan diversos como Jordi Vilarrodà con su Bona Lletra en El9TV, Josep Genescà en Ràdio Puig-reig, Mariví Chacón en Lleida TV, Mònica Socias en Tarragona Ràdio y Saïd Sbai en Girona FM. Imposible citarlos a todos.
Cuando hablamos de cultura a menudo nos ponemos grandilocuentes, pero la gente de la cultura son aquellos que, sin hacer demasiado ruido, dedican horas a conseguir que los libros encuentren lectores. Mantienen vivo ese ecosistema frágil que es la cultura; nunca podremos estarles lo suficientemente agradecidos.
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