
Periodista y escritor
¿Ser de Vox a la fuerza?
Los síntomas antidemocráticos son, en este tiempo, parecidos a aquellos que, recién muerto el dictador, consideraron que tenían que meter el miedo en las calles
Expulsan a un diputado de Vox por encararse con el vicepresidente del Congreso: "No lo puedes consentir"

MLG 09-04-2El presidente de Vox, Santiago Abascal, interviene en el acto de presentación de candidatos para las elecciones de Andalucía del próximo 17 de mayo / Álex Zea / LMA
Cuando murió Franco quedó Blas Piñar, pongo por caso. Recuerdo que aquel hombre fue a Tenerife, donde nací y donde empecé a ser periodista, poco después de la muerte del dictador. Se le veía fuerte, burlón, aguerrido, esa cabeza por encima de un cuello que parecía hecho para volar sobre nosotros, dándonos órdenes e ilustrando con su rabia los discursos que nos daba.
Seguidores de aquel líder que estaba entre José Antonio y el agua bendita, vociferantes y malevos, nos perseguían a los periodistas que cubríamos aquella visita como si fuéramos sospechosos de la derrota que la naturaleza infligió a aquel personaje que se peinaba como si el muerto le fuera a pedir cuentas. Fue un momento horrible e inolvidable.
En aquella escala de Blas Piñar, sus seguidores nos reñían con saña, se burlaban de nuestro trabajo y nos auguraban tiempos peores, más duros aun que aquellos que quedaban atrás. Igual vestigio de la maldad que allí sufríamos se producía en cualquier otro lugar de España donde los fascistas de la estirpe de Blas Piñar se santiguaban para pedirle a Dios que resucitara el espíritu del muerto.
Por aquel entonces, antes de la muerte definitiva del dictador, fui a Barcelona, mi primer viaje fuera de las islas, en busca del espíritu del Barça. Allí viví uno de los últimos golpes que el franquismo, y Franco, dieron en España. La ciudad estaba en silencio y rota, asustada de aquella horrible sucesión de advertencias que hacían que el día fuera también la noche. El toque de queda, aquella reliquia, fue de las últimas obligaciones a las que alcanzó el residuo inolvidable, y bruto, de aquel tiempo y de aquel país.
Una de las advertencias del franquismo residual era obligarnos a cantar el 'Cara al Sol' a quienes estuviéramos cerca del vociferío. Sucedía, ya digo, en todas partes. Una vez muerto Franco, con su cuerpo alejado ya de su alma, asistí en Madrid a una de aquellas persecuciones civiles a quienes, estando en la calle, recibíamos las órdenes de los falangistas que aun proliferaban en el centro de la ciudad. En la calle Núñez de Balboa recuerdo cómo nos obligaban a levantar la mano como lo hacía José Antonio. La libertad estaba por venir, el franquismo y el falangismo todavía tenían un espejo lleno de mugre esperando en las esquinas de este país para que no nos olvidáramos que aquellos muertos, José Antonio, Francisco Franco, podían resucitar.
Ahora no están, claro, pero los están exhibiendo, en las Cortes, en las calles, ante el horror de los que los sufren y ante la posibilidad de que un día aquel miedo a los falangistas y a los franquistas se resuelva otra vez como una advertencia y luego como una orden que cambie el curso de la democracia.
Durante años aquella voz atiplada de Franco dejó de existir, no estaba en las calles, no estaba en los medios, no estaba sino como una vieja reliquia a la que no le quedaban vestigios. Ayudado por Europa, donde se ha hecho esta parte de la libertad española, este país se olvidó de lo que ahora parece parte de lo que nos espera.
Los síntomas antidemocráticos son, en este tiempo, parecidos a aquellos que, recién muerto el dictador, consideraron que tenían que meter el miedo en las calles, en los medios, en las casas, en las universidades y en la vida. Vox, que está en todas partes y que de una manera u otra está siendo ahora el otro lado del Partido Popular, hace de su presencia en el hemiciclo y en todas partes una horrible prolongación de los peores recuerdos de aquel franquismo desvergonzado. Muchos los vimos en los tiempos en que Franco mandaba desde una tumba reciente.
Ahora regresará, está volviendo, traen el miedo a los falangistas que se manifiestan en Ferraz para avisar de lo que se nos viene encima, en las escuelas y en las calles, en un tiempo que tiene a su favor a muchos blaspiñares que, seguidores de Abascal, están dispuestos a acabar con los que vienen de fuera y, en general, con todo lo que en los tiempos mejores de nuestra democracia permitió el olvido de lo que fuimos en una era que parecía interminable y que se llamó, y que se llama, franquismo. Como diría Miguel Ángel Aguilar, que tanto supo de ello, estemos muy atentos.
Suscríbete para seguir leyendo
- El último Informe de Seguridad Nacional suaviza el lenguaje sobre China y señala a España como objetivo de ataques híbridos de Rusia
- Junts se abre a facilitar el decreto de vivienda del Gobierno si permite desgravar las hipotecas
- Entra en vigor el copago farmacéutico: cuánto pagaré según la renta y la pensión
- El Gobierno se abre a desgravar las hipotecas para salvar el decreto de los alquileres como pide Junts
- Así será el primer tardeo en un mercado municipal: conciertos, ‘dj’ y tapas kilómetro 0 en Santa Coloma de Gramanet
- Avance para tratar la celiaquía: científicos de Barcelona desarrollan una molécula capaz de degradar el gluten
- España incorpora el cribado neonatal para el síndrome de los 'niños burbuja' en el que Catalunya fue pionera
- Expertos de la Armada descartan que fuera un torpedo lo que hundió al carguero ruso cerca de Cartagena