
Escritor.
Un buen traje
La elegancia implica no pequeños esfuerzos y una actitud personal que moviliza ciertos misterios, capaces de decir mucho de uno

El escritor estadounidense Gay Talese / INTERNACIONAL Fotos de Gay Talese FOTOGRAFIA DE RICARDO MIR DE FRANCIA
En Ucrania, después de cuatro años de guerra, se produce un fascinante fenómeno que tiene que ver seguramente con esos cuatro años de horrores: mucha gente, en especial gente mayor, se viste con elegancia para salir de casa cada día. «Vestirse bien es vivir», titulaba hace unos días 'The New York Times' un reportaje en el que detallaba lo que está pasando en este país invadido por Putin. La distinción es el modo de resistencia de esos ucranianos ante los golpes que la historia les propone. Burlan la desesperanza con sus galas, retan a la vida, digamos, proclamando que mientras vistan bien, la contienda no los hace retroceder hasta el punto que el único horizonte sea la muerte. En cierto sentido, se visten para un mundo que no existe, pero que ellos inventan con solo abrir el armario. Sus galas pasan a veces por una mezcla de 'glamour' y extravagancia.
Ese desajuste entre la realidad que rodea a uno, y la actitud que uno exhibe pese a lo que tiene a su alrededor, me hizo pensar, salvando las obvias distancias, en Gay Talese. Pocos como él han afinado la elegancia en cualquier parte y situación. Talese sostenía que todos los periodistas deberían ir bien vestidos, por mucho que en ocasiones tengan que adentrarse en lugares inmundos. En 2012, el periodista Álvaro Colomer publicó en la revista Quimera una detallada crónica del paso de Talese por Barcelona, adonde acudió para promocionar la publicación en España de 'Honrarás a tu padre', una historia sobre los Bonanno, una de las familias mafiosas del Nueva York de los años cincuenta. Colomer relató cómo el escritor estadounidense se adentró una mañana de junio en el bar El Sol con un traje de raya diplomática, sombrero fedora y zapatos italianos brillantes, mientras a su alrededor se veían a obreros tomando carajillos, un estudiante con un pañuelo palestino o un camarero sosteniendo un trapo más bien mugriento.
Después de pedir un 'cappuccino' y dos magdalenas, Talese le dijo a Colomer que «todos los periodistas deberían ir bien vestidos. Es una forma de mostrar respeto a la historia investigada. Nosotros hablamos de la Verdad, y la Verdad merece un buen traje». Su interlocutor inquirió si nunca se había encontrado en una situación, en el ejercicio de la profesión, en la que fuese más apropiado vestir más vulgarmente. Entonces Talese le recordó que cuando se propuso escribir un reportaje sobre la construcción del puente de Verrazano, que une Staten Island y Brooklyn, tuvo que entrevistar a muchos obreros en su puesto de trabajo, pero lo hizo con su traje a medida porque consideró que «la mejor forma de mostrar respeto a aquellos hombres y sus historias era yendo bien vestido y no tratando de disfrazarme de algo que no era».
La elegancia implica no pequeños esfuerzos y una actitud personal que moviliza ciertos misterios, capaces de decir mucho de uno. No sabemos si esos ciudadanos ucranianos que visten con elegancia pese a la guerra cambiarán la historia, seguramente no, pero sabemos que la historia que les ha tocado padecer no va a cambiarlos y doblegarlos a ellos.
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