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Aranceles, un primer golpe parado

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene un cartel sobre aranceles 'recíprocos' durante un anuncio de aranceles en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, en Washington, D.C., EE. UU., el pasado 2 de abril de 2025.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sostiene un cartel sobre aranceles 'recíprocos' durante un anuncio de aranceles en el Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, en Washington, D.C., EE. UU., el pasado 2 de abril de 2025. / Kent Nishimura/Bloomberg

Hace un año, Donald Trump compareció en la Casa Blanca con un cartelón en el que anunciaba la imposición de aranceles a las exportaciones a Estados Unidos: en ese Liberation Day todos los países de la Unión Europea recibían la amenaza de que quien quisiera importar sus productos tuviera que pagar una tasa del 20%, incrementando, por lo tanto, su coste para el comprador final y dañando su competitividad. Desde esa fecha, el caos comercial desatado por Trump (primero el 15% pactado con Von der Leyen, después un 10% tras una derrota judicial) ha incrementado la recaudación fiscal de su Administración pero no ha reducido el déficit comercial en la relación de EEUU con el resto del mundo y el incremento de las inversiones de empresas extranjeras para producir dentro de sus fronteras se mueve de momento en el terreno de los proyectos y promesas. Sí ha desencadenad, en cambio, una carrera entre el resto de economías desarrolladas para forjar nuevas alianzas comerciales, encontrar nuevos mercados alternativos y reducir su dependencia de las exportaciones a un socio que ha dejado de ser fiable.

El impacto del giro proteccionista de Estados Unidos en el resto del mundo ha sido real, compensado solo parcialmente por la reconfiguración de los flujos del comercio internacional, y se debe tanto a la incertidumbre de las decisiones y amenazas erráticas como al impacto de las tasas en sí. Y a un año del inicio de la guerra comercial, ya es posible realizar algún balance de cuál ha sido su impacto en las economías catalana y española. En el caso particular de Catalunya, durante los primeros nueve meses de pulso arancelario (con datos hasta enero de 2026), las exportaciones de las empresas catalanas a EEUU cayeron un 8%, con algunos sectores especialmente afectados, como la joyería(-60%), el hierro y acero (-40%) y el aceite de oliva (-36%). Sin embargo, más allá de los sectores y empresas más directamente afectadas, el volumen es de una importancia relativa: las exportaciones a EEUU cayeron en términos absolutos en ese periodo de 3.700 a 3.400 millones, cuando el volumen de exportaciones anual de la economía catalana a todo el mundo lleva tres años por encima de los 100.000 millones de euros. Y, lo que es más importante, las empresas catalanas han exhibido capacidad de abrir nuevas puertas cuando otras se cierran, y el Govern ha mostrado voluntad de acompañarlas en este giro. Incrementos de los intercambios comerciales con países como Corea del Sur (+25%), China (+13%), Vietnam (+11%) o India (+4%) han hecho que, en ese periodo de nueve meses, el balance global de exportaciones marcase incluso un leve incremento del 0,6%.

Este es solo un primer balance. Los datos conocidos ayer para el conjunto de España señalan un descenso más notable del saldo de las exportaciones a Estados Unidos en el primer trimestre de 2026 (también un proceso similar de redirección a otros mercados). Pero ha llegado el momento en el que la principal incertidumbre al comercio mundial ya no es esa primera sacudida que produjo la guerra arancelaria, sino la disrupción de la economía global que ha causado la decisión de Donald Trump de incendiar el Golfo Pérsico y desentenderse del corte del suministro de petróleo a los países que dependen mucho más que el suyo de esta fuente de abastecimiento. Incremento de costes energéticos, falta de suministro y la renacida amenaza de la inflación pondrán a prueba la capacidad del mundo de resistir las consecuencias de los arrebatos de un presidente al que le quedan casi tres años de mandato. n