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Opinión | Izquierda
Emma Riverola

Emma Riverola

Escritora

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Rufián y la vía muerta

¿Ninguna posibilidad de confluencia? Hay una ensoñación de pacto en cierto espacio fronterizo entre ERC y Comuns

Rufián lanza en Barcelona su plan para unir a la izquierda sin el aval de ERC: "Estaré hasta que me echen”

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el acto celebrado en la Universitat Pompeu Fabra (UPF).

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el acto celebrado en la Universitat Pompeu Fabra (UPF). / MANU MITRU

La unidad de la izquierda es ese ruego que se pronuncia cuando la cuerda se ha roto de tanto tensarla por un lado y otro. Y no precisamente por desacuerdos programáticos. Si en los últimos años Podemos no se hubiera dedicado a zancadillear a Sumar, probablemente la crisis del espacio no sería tan grave ni Yolanda Díaz habría quedado tan desdibujada. Poco queda de aquella ministra de Trabajo conciliadora y contundente que agitó el Congreso durante el primer Gobierno de coalición. Sumar nació con mala salud y, sin embargo, su presencia en el gobierno ha sido fundamental para los logros sociales.

La refundación de Sumar busca líder. Podemos solo parece buscar la supervivencia (de sus escasos dirigentes). Y Rufián se erige en gurú de la unidad: asegura la defunción de la izquierda alternativa si no se fragua una gran alianza en la que también concurran las fuerzas nacionalistas (mensaje que da más ganas de llorar que de ilusionarse). El problema es que esa idea también nace muerta. Muerta porque el ingenio comunicativo del catalán no le convierte en líder de nada (mejor desconfiar del verdadero interés de quienes le impulsan a ello). Muerta porque los elementos tóxicos de la ecuación no desisten de su veneno. Muerta porque las direcciones de los partidos nacionalistas no renunciarán a primar la vía nacional en su estrategia electoral. Y muerta porque una parte del electorado no votaría una unión ‘españolista’ y otra no comulgaría con ciertos discursos soberanistas. Se puede aplaudir los mismos zascas sin querer compartir ni una caña.

¿Ninguna posibilidad de confluencia? Hay una ensoñación de pacto en cierto espacio fronterizo entre ERC y Comuns. Si ocurriera, no está muy claro cuántos votantes de ERC se perderían por el camino, en especial aquellos más fieles a la esencia de un partido casi centenario. ¿Y qué ofrecería a Comuns? Cuesta ver nada positivo. Aunque perder el rumbo no siempre es inane, quizá abre la posibilidad de (re)crear un espacio más abierto, más consistente y más útil.

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