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Opinión | Sant Jordi
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Queremos dragones crueles y vengativos

Uno no alcanza a entender qué objetivo tiene limpiar la reputación de un ser fantasioso

El dragón sucumbe a la lectura y se convierte en un animal mejor en la campaña gráfica de la Generalitat para Sant Jordi

La representación de la leyenda de Sant Jordi y el dragón convierte a Montblanc en uno de los escenarios más singulares de esta fiesta en Catalunya.

La representación de la leyenda de Sant Jordi y el dragón convierte a Montblanc en uno de los escenarios más singulares de esta fiesta en Catalunya. / Grand Tour de Catalunya

Si yo fuese dragón, estaría echando fuego por la boca al ver cómo pretenden acabar con mi reputación. Uno no se pasa los siglos secuestrando princesas para que un día le saquen en un cartel de Sant Jordi rodeado de libros y rosas, y asegurando que ya no devora personas. ¿Cómo no va a devorar personas?, de algo tiene que alimentarse y a estas alturas no va a abrazar el veganismo. ¿Rosas y libros alrededor? Anda ya. Un dragón como está mandado se come las rosas con sus espinas y cuando, una vez digeridas, las defeca, se limpia el culo con los libros, cosa que, dicho sea de paso, es lo mejor que puede hacerse con la mayoría de los que se venden por Sant Jordi. Un dragón secuestra princesas para comérselas, eso como mínimo, que los hay que antes las agreden sexualmente, y al final muere en noble batalla con el caballero, santo varón según dicen. Así son los dragones, hagan el favor de respetar sus señas de identidad, igual que ellos aceptan sin rechistar morir lanceados.

No se entiende muy bien que la Generalitat pretenda blanquear la mala fama de los dragones, si nadie ha visto nunca ninguno. Uno puede comprender que nos quieran convencer de las bondades de los lobos y los osos, para evitar la caza indiscriminada de los pobres bichos; uno puede hasta llegar a concebir que, por el mismo motivo cinegético, nos digan que no todos los políticos son corruptos y/o estúpidos; lo que uno no alcanza a entender es qué objetivo tiene limpiar la reputación de un ser fantasioso, eso es tan ridículo como iniciar una campaña en favor del Minotauro -”hay que comprenderlo, toda la vida encerrado en un laberinto y con evidentes problemas identitarios”- o del capitán Garfio, “cómo no va a sentir rencor un disminuido físico en un país donde los demás pueden volar”.

No se queda atrás la campaña del ayuntamiento de Barcelona, mostrando a Sant Jordi acariciando el lomo del dragón como si fuese un gato, no le falta más que mover el rabo -el dragón, no Sant Jordi-, cuando lo que debería hacer es arrancarle de un bocado el brazo al santo, a partir de ahora santo y mártir.

Las leyendas y tradiciones tienen los días contados. Se veía venir desde que instaron a los niños a acariciar al 'tió' y pedirle los regalos por favor, en lugar de molerle a palos, que es como se logran esas cosas. Uno ya no distingue el 'wokismo' de la estupidez, para mí que han sido siempre lo mismo.

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