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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

Abascal pierde a su banquero

Viktor Orbán y Santiago Abascal, en febrero de este año en Madrid.

Viktor Orbán y Santiago Abascal, en febrero de este año en Madrid. / Sergio Pérez / EFE

El domingo por la noche, Santiago Abascal lamentaba en X la contundente derrota de su admirado Viktor Orbán y añadía: “Deja una Hungría mejor que la recibió”. Es mentira, claro, pero ya sabemos que los populistas de izquierdas o de derechas mantienen una relación complicada con la verdad. Orbán ha ejercido el poder durante 16 años y toda Europa ha asistido al deterioro institucional y a la regresión antidemocrática producidos en ese tiempo. Pero es que esta suerte de democracia iliberal en que había convertido Hungría ha sido también un desastre económico.

En lugar de aprovechar los fondos europeos para impulsar su economía, como han hecho países como la República Checa o Polonia, que ya compite de tú a tú con España, la realidad es que Hungría está hoy más cerca de Bulgaria o Rumanía. La economía húngara, por ejemplo, sufre las consecuencias de la baja inmigración, de las fallidas políticas de natalidad o de la huida de los jóvenes al extranjero. Y sin la mano de obra necesaria, su desarrollo se ha estancado.

Abascal señalaba en su tuit que “hay que seguir peleando por la soberanía, la libertad y la prosperidad de las naciones” y parece que los húngaros han optado por ello, apostando por independizarse de Trump y de Putin y por dejar de ser un caballo de Troya en la UE, lo que desbloqueará los fondos que Bruselas tenía congelados.

No es una buena noticia para Abascal, que ha financiado campañas electorales a través del banco húngaro MBH, una entidad financiera de Budapest que, según la prensa local, está en parte bajo el control del Estado y en la que casi la mitad de sus acciones pertenecen a Lőrinc Mészáros, amigo de la infancia de Orbán. Según reconoció Vox en su día, recibió de este banco un préstamo millonario que investigó la Fiscalía Anticorrupción el año pasado sin apreciar indicios de delito.

Con la indiscutible derrota de Orbán, Abascal no solo ha perdido un referente ideológico, sino también un aliado financiero al que recurrir en caso de estrecheces.

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