Opinión | MAPAMUNDI
La guerra más estúpida de Estados Unidos
Trump ha seguido a Netanyahu a un conflicto sin objetivos claros y de retórica genocida que solo ha conseguido fortalecer a Irán como potencia geopolítica y matar a miles de iraníes

Shadmot Mehola (Israel), 04/04/2026.-un misil iraní sin explotar en Israel / ABIR SULTAN / EFE
Hay guerras justas. Hay guerras necesarias. Hay guerras útiles. La que lanzaron Trump y Netanyahu contra Irán hace seis semanas no entra en ninguna de esas tres categorías.
Con lo que sabemos hoy, ha resultado ser el conflicto más estúpido y contraproducente de la historia reciente de Estados Unidos. También el más solitario: ningún país ha seguido a Washington en su aventura, algo inédito. Porque la guerra de Irak fue injusta e innecesaria, un auténtica sangría que provocó la muerte de cerca de medio millón de personas. A la larga, terminó siendo, al menos, útil. El país vive ahora una situación política, económica y humanitaria mejor que bajo Saddam Hussein. La de Afganistán, tras los ataques del 11S, fue vista como justa y necesaria por las decenas de países que se unieron a ella, aunque a la larga haya resultado proverbialmente inútil, dos décadas para volver a la casilla de salida, con los talibanes en el poder. La de Ucrania, por el contrario, cumple con las tres características de una guerra razonable: había un 'casus belli' y la resistencia ucraniana encaja perfectamente dentro del derecho internacional.
Pero, en Irán, ¿qué se ha conseguido realmente?
Irán entró en el conflicto como un país debilitado tras años de sanciones y una revuelta interna reprimida con furor sanguinario por el régimen de los ayatolás. Resurge ahora, sin embargo, tras el alto el fuego de dos semanas alcanzado esta semana, como una potencia geopolítica con una nueva y enorme arma de disuasión, una auténtica "bomba económica": el control del estrecho de Ormuz.
"Estados Unidos e Israel le han dado a Irán un arma que no tenía", en palabras del prestigioso analista estadounidense Fareed Zakaria.
Estados Unidos sale debilitado. No ha acabado con el régimen de los ayatolás, no ha conseguido reabrir el estrecho de Ormuz ni hacerse con la isla de Jarg ni con los 450 kilos de uranio enriquecido iraní. Por supuesto, tampoco ha liberado a las mujeres iraníes o tumbado el régimen, como esperaban los pocos que apoyaron el conflicto en un primer momento. Además, Trump se ha quitado la careta y ha perdido toda credibilidad ante sus aliados y enemigos. Ha empleado un lenguaje agresivo de corte genocida (pasarán a la historia sus amenazas de "acabar con la civilización iraní" o sus exabruptos nada presidenciales como "abrid el puto estrecho, malditos bastardos"). Su popularidad está en su mínimo histórico, el 33%. Hay una revuelta MAGA en ciernes.
Israel también sale perdiendo. Para empezar, porque el régimen iraní se fortalece. Así lo ven los principales líderes de la oposición en la Knesset. Yair Lapid, jefe del segundo partido, el centrista Yesh Atid: "Nunca antes habíamos presenciado un desastre diplomático de esta magnitud. Israel ni siquiera estuvo presente en las negociaciones cuando se tomaron decisiones sobre cuestiones fundamentales de nuestra seguridad nacional. Netanyahu fracasó diplomáticamente, fracasó estratégicamente y no logró ni un solo objetivo que él mismo se propuso". Yair Golan, presidente del partido de izquierda Los Demócratas: "El régimen se mantiene en el poder e incluso sale fortalecido de esta guerra. Irán conserva su uranio enriquecido, controla el estrecho de Ormuz y dicta las condiciones. E Israel, una vez más -como en Gaza-, no participa en la toma de decisiones. No influye".
Pierden los iraníes de a pie. El régimen se ha militarizado. Se sentirá amenazado durante décadas, y lo previsible es que eso aumente la ya brutal represión de la disidencia en el país. Sus cárceles se llenarán de jóvenes que protesten, que ahora serán presentados como aliados del enemigo y, muchos, ahorcados por traidores. Los miles, probablemente decenas de miles de manifestantes asesinados en enero por los ayatolás, habrán muerto para nada. Teherán tiene además todos los incentivos para buscar en secreto el arma atómica, como forma de disuasión ante nuevos ataques. Negoció en 2015, y Trump rompió el acuerdo y volvió a imponerles sanciones en 2018. También dinamitó las negociaciones en marcha en 2025 y ahora en 2026, lanzando bombardeos horas después de sentarse a la mesa con los iraníes.
Sale perdiendo, por fin, el resto del mundo. Además de haber vivido con el corazón en un puño, con una pegajosa sensación de tercera guerra mundial, los ciudadanos de medio mundo pagan más por el combustible. Se han perdido miles de millones de euros en bolsa y se ha tirado del erario para subvenciones que podrían haberse dedicado a investigación, educación o desarrollo. El FMI alerta de que el frenazo económico por la guerra será mayor que el de una crisis financiera como la de 2008.
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