
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
Trump: la marcha atrás
El presidente ha tenido que buscar una frágil tregua porque la guerra ha generado una gran alarma económica y los republicanos podían perder las elecciones de noviembre
Vance cobra fuerza como potencial negociador principal de Trump con Irán
Los ataques entre Israel y Hezbolá mantienen en vilo las negociaciones entre Irán y EEUU de este sábado

Trump y Vance. / ARCHIVO / EFE
Desde el primer día Trump proclamó que Irán ya había sido derrotado y que si no se rendía en un corto plazo -que fue alargando- el castigo sería terrible. Y el martes incluso amenazó con que “toda una civilización desaparecería”, si antes de determinada hora de Washington, Irán no había cedido. Una enorme angustia se apoderó de todo el mundo. ¿Qué pasaría?
Pero, en el último momento, se anunció una tregua de quince días, lograda por Pakistán, que implicaba el cese de hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz. Y el miércoles de alegría el precio del petróleo cayó (aunque siguió por encima del de antes de la guerra) y las bolsas de todo el mundo reaccionaronn al alza. El Ibex 35 español logró su mejor jornada en mucho tiempo.
Pero la tregua era improvisada, frágil y sujeta a muy contrarias interpretaciones. Para Trump, era un triunfo de América y para Irán la aceptación americana de un fracaso. Y Netanyahu, que dijo que la tregua no afectaba al Líbano, incrementó sus salvajes bombardeos sobre el desgraciado país. Y el estrecho de Ormuz se volvió a cerrar. Por eso, el jueves el petróleo volvió a subir algo y las bolsas europeas bajaron. No Wall Street, porque antes de su cierre se supo que -por presión de Trump- Israel había pedido negociar con el Líbano. Y el viernes quedó claro que la tregua merecía el Premio Nobel de la fragilidad: Ormuz no se abría, Trump volvía a amenazar, e Israel seguía bombardeando, aunque con menor intensidad.
¿Qué ha pasado? Trump, como con las tarifas arancelarias, Groenlandia, y el pacto tácito de Alaska con Putin sobre la partición de Ucrania, ha hecho marcha atrás al comprobar los riesgos de sus amenazas. Irán no es Venezuela y aunque han descabezado a la cúpula iraní no han encontrado a ninguna Delcy.
Trump confía la negociación con Irán al vicepresidente, Vance, muy escéptico ante la guerra, por encima de su amigo Steve Witkoff y de su yerno, porque ambos son demasiado próximos a Netanyahu
Había que negociar porque los mercados se podían hundir, el cierre de Ormuz hacía subir los precios del petróleo y amenazaba con un aumento de la inflación, que podía llevar a la recesión. La inflación americana en marzo se disparó al 3,3%, lo que hacía imposible bajar los tipos de interés. Y el viernes la asociación de aeropuertos avisó no solo de que el precio del combustible de los aviones se había disparado (de 750 dólares a 1.375 la tonelada), sino que si Ormuz no se abría pronto se tendría que racionar el combustible y disminuir el tráfico aéreo. Y el precio había sobrepasado los 4 dólares por galón en las gasolineras americanas. La popularidad del presidente bajaba y los republicanos podían perder las elecciones de noviembre.
Había que negociar con Irán para abrir el estrecho de Ormuz, había que 'disciplinar' a Netanyahu, y había que proclamar que se había ganado. ¿Un imposible? Trump no tiene otra salida. Y los iraníes tendrán que seguirle -la guerra tampoco les conviene- pero pudiendo argumentar que son ellos los triunfadores. ¿Otro imposible?
Lo importante: la tregua es el reconocimiento de que Trump tiene que rectificar e intentar una salida 'honrosa'. Pero las negociaciones del sábado en Islamabad, la capital de Pakistán, estaban el viernes todavía en el aire porque Irán amenazaba con no acudir si Israel seguía bombardeando el Líbano. Trump busca 'un arreglo' porque sabe que su barbaridad ha creado una gran alarma económica (el FMI avisa que las consecuencias serán graves, aunque la guerra pare ahora), y le puede hacer perder las elecciones a la Cámara de Representantes de noviembre.
La gran prueba es que el negociador-jefe americano será el vicepresidente Vance -desde el primer día, muy escéptico sobre la guerra-, por encima de su amigo y 'negociador universal', el constructor Steve Witkoff, y de su yerno, Jared Kushner, ambos demasiado próximos a Netanyahu.
El mal ya está hecho. ¿Sabrá y podrá hacer marcha atrás? A todos nos conviene. Pero la pérdida de “soft power”, el gran poder blando americano debido al prestigio de sus instituciones, ha sufrido un terrible golpe. Algunos columnistas dicen -sin razón- que equivalente al de Gran Bretaña y Francia en 1956, cuando el presidente Eisenhower, un republicano liberal, les obligó a dar marcha atrás en la toma del canal de Suez.
No es lo mismo. El Eisenhower de hoy son los mercados y América sigue siendo la primera potencia económica y militar. Pero…
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