
Periodista.
Cristina Monge: canto a la esperanza
Para la socióloga y politóloga la historia no ha terminado. Una cosa es no saber cómo enfrenarnos a los grandes retos y otra es dar la batalla por perdida
La politóloga Cristina Monge gana el Premio Paidós con el ensayo 'Contra el descontento'

Cristina Monge / Daniel Portes
François Mitterrand dijo de Margaret Thatcher que tenía los ojos de Calígula pero la boca de Marilyn Monroe. Aquel presidente francés de frases afiladas, cara de efigie y doble vida sentimental probablemente hoy no se atrevería a repetirlo. Si lo hiciera, se lo afearían aunque él seguiría imperturbable. Cosas del tiempo, que ayudan a entender que el machismo siempre sobrevoló las ideologías. Todas. Pero, por entonces, los suyos le rieron la gracia porque ironizar sobre una mujer conservadora tenía disculpa. Antes la rivalidad que la igualdad. Especialmente, si se trataba de la líder convencida de que “el socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero… de los demás”.
Corrían los ochenta. Washington con Ronald Reagan y Londres con la Dama de Hierro viraban el rumbo económico y político del mundo, abriendo de par en par las puertas al neocapitalismo. Las consecuencias las tenemos delante, avanzando con prisa y sin pausa. Mientras, las maneras de combatirlas se neutralizan entre ellas desdibujando las alternativas, erosionando a la izquierda y difuminando la confianza en el sistema, abogando por una cívica resignación como si todo fuera irreversible o inapelable. Y no lo es. Así lo entiende Cristina Monge Lasierra (Zaragoza, 25 de febrero de 1975).
La socióloga, politóloga y conocida analista ha ganado el Premio Paidós 2026 con un tratado 'Contra el descontento'. El texto deja claro que no toda contrariedad es negativa y supera de largo el riesgo atribuido a cualquier manifiesto de oposición sin más. De entrada, se avanza al prejuicio ajeno permitiéndose el “atrevimiento de presentar unas cuantas ideas que podrán debatir, enmendar o poner en cuestión, ya sea parcial o totalmente”. Y añade: “No teman hacerlo: las personas somos respetables, las ideas no”. Diana. Porque esto supone alejarse de las falsas certezas, plantear dudas y recuperar el arte de contrastarlas con argumentos y no con los eslóganes en los que se regocijan los espectáculos mediáticos que tanto favorecen la polarización y anulan la voluntad de los consensos imprescindible para avanzar. No es una cuestión menor. Sin conversación pública no hay democracia.
A sabiendas de esto, Cristina no imparte doctrina porque es consciente de correr el riesgo de equivocarse. Todo fluye, nada permanece, diría Heráclito. Llegado el caso, no temerá reconocerlo y corregirse si es menester porque, como suele repetir, la historia no ha terminado. Una cosa es no saber cómo enfrenarnos a los grandes retos y otra es dar la batalla por perdida.
A pocas semanas del 15 aniversario del 15-M, cuyo movimiento inspiró la tesis doctoral a la profesora Monge, en las páginas del libro hierven algunas de aquellas ideas vigentes porque están por encima de las rivalidades partidistas y las animadversiones personales, cuyas virulencias y contradicciones han podido más que la necesidad de trabajar por el bien común. Aun así, el motivo de esperanza se mantiene, hay que preservarlo y perseverar en su defensa si queremos mantener la libertad. Sí se puede, insiste Cristina. Como muestra, sus propuestas que concentra en la tercera parte del libro, tras una descripción de los episodios que han dibujado origen y caras del descontento. Y como la rabia ha cambiado de bando, Monge contradice a la Thatcher, que negó la alternativa. There is.
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