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Atrevimientos

Hay escritores que explican sus miserias y después las convierten en un espacio donde exponerlas y hay otros, como Marc Artigau, que dicen: "Odio la literatura de terapia, no necesito saber que es verdad"

Una rosa sobre unos libros de una parada en el Día de Sant Jordi.

Una rosa sobre unos libros de una parada en el Día de Sant Jordi. / Enric Fontcuberta / EFE

Ahora que se acerca Sant Jordi, el trabajo extraliterario de los escritores se acentúa. Quizás exagero cuando digo que es “extraliterario”, porque, de hecho, todo lo que viene después de escribir un libro también forma parte del microcosmos donde se mueve y vive el escritor. Hay de todo tipo, esto es cierto. Algunos rehúyen el contacto directo con el lector porque ellos mismos no tienen ningún interés en conocer al autor que les ha deslumbrado y adiestrado. Consideran que escribir un libro es una actividad privada, delicada y constante, que nada tiene que ver con el espectáculo (por pequeño y modesto que sea) de tener que presentarlo y defenderlo en público. No hace falta decir más sobre un libro donde ya se explica todo lo que tenía que explicarse. Son refractarios a la exposición de sí mismos como producto y piensan que cualquier comentario sobre la obra es sobrante e incluso perjudicial para la obra.

Por otro lado, los escritores que afrontan con un optimismo exacerbado el trabajo de hacerse cercanos. Acabo de chocar con un ejemplo precioso, uno de los casos más estrambóticos que he visto nunca, el de un novelista de fama que anuncia así la presentación de la traducción de su novela: “Portugueses, nos vemos esta tarde en la librería tal”. Hombre, hacer un llamamiento así, tan genérico y amplificado, denota o aquel optimismo que decíamos o bien una valoración extrema de la propia persona, capaz de deslumbrar a toda una nación. Este escritor suele protagonizar actos multitudinarios, pero pensar que los portugueses, en masa, estaban esperando su visita quizá sea, efectivamente, esperar en demasía.

Hay escritores que explican sus miserias y después las convierten en un espacio donde exponerlas y hay otros, como Marc Artigau, que dicen: "Odio la literatura de terapia, no necesito saber que es verdad". Es uno de los grandes debates que ahora tenemos sobre la mesa. El atrevimiento de hacer a los otros partícipes de las propias manías y de las inquietudes íntimas se enfrenta al atrevimiento de escribir sobre las flores cuando nadie te pedía un libro sobre flores.

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