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Opinión | Mover cuadros
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Del 'Guernica' a 'La familia Soler'

Archivo - Varias personas en el Museo Reina Sofía ante el Guernica

Archivo - Varias personas en el Museo Reina Sofía ante el Guernica / Ricardo Rubio - Europa Press - Archivo

Lo único que tiene el Guernica de vasco es el nombre, ya que fue encargado y pagado por el Gobierno español y fue pintado en París por un malagueño que antes había vivido en La Coruña y en Barcelona. Ya es casualidad que entre tantos lugares —Madrid, Francia, Andalucía, Galicia y Catalunya— no aparezca el País Vasco ni de refilón, y en cambio sea el lehendakari quien lo reclame. Si al menos Picasso hubiera asistido a algún partido del Athletic, pero es que ni eso, el tipo prefería los toros. Y las mujeres, claro, pero tampoco se tiene noticia de ninguna vizcaína en su cama, así no hay manera.

El único motivo para el traslado es el nombre y lo que representa, pero si triunfa este peculiar argumento, no daremos abasto. Después de que se vaya el Guernica, será La rendición de Breda, de Velázquez, la que deberá abandonar el Museo del Prado y ser trasladada a la ciudad holandesa de Breda, o al menos a la población gerundense del mismo nombre, no hace falta ponerse exquisitos, lo que cuenta es el topónimo. Las señoritas de Aviñón, del propio Picasso, no puede seguir expuesta en el MoMA de Nueva York; aunque, como no hace referencia a la población francesa sino a un prostíbulo de la barcelonesa calle de Avinyó, nos conformamos con que sea expuesta en cualquier puticlub, no merecen las señoritas peor trato que el caballo del Guernica. La daliniana Madonna de Portlligat debe irse del Fukuoka de Tokio y acabar en alguna taberna de la población costera, para que le dé la tramontana. Más complicado será trasladar todos los cuadros de Van Gogh que llevan en el título —y que retratan— la población de Arlés. Nada comparado con los miles de Cristos que innumerables artistas han pintado a lo largo de la historia: serán todos debidamente empaquetados y enviados a Jerusalén, donde tuvo lugar la crucifixión; allí quedarán amontonados unos sobre otros por falta de espacio, pero estarán donde ocurrieron los hechos, como manda el Guernica. Será un Cristo, pero en fin.

Y llegamos al meollo del asunto: ya está bien de que La familia Soler, también de Picasso, se exhiba en Lieja, donde no vive ningún Soler, cuando en casa tenemos paredes de sobra para colgarlo. A falta de lehendakari que ponga el tema en marcha, tenemos en la propia Bélgica a un expresidente de la Generalitat fugado y con tiempo libre, que puede iniciar los trámites.

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