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Cuenta atrás para las municipales

La consellera Paneque, junto a representantes municipales de Barcelona, Montcada i Reixac, Badalona, Santa Coloma y Sant Adrià de Besòs, durante la reunión entre el Consorci del Besòs y el movimiento vecinal.

La consellera Paneque, junto a representantes municipales de Barcelona, Montcada i Reixac, Badalona, Santa Coloma y Sant Adrià de Besòs, durante la reunión entre el Consorci del Besòs y el movimiento vecinal. / EL PERIÓDICO

Queda solamente un año para las elecciones municipales, una cita que se repite puntualmente cada cuatro años sin margen para adelantos tácticos ni juegos con el calendario. De estos comicios depende la gestión de la administración más cercana a la ciudadanía, la primera en recibir el impacto de los grandes cambios sociales de base y la primera a la que se exige dar respuesta a ellos de forma concreta. De los alcaldes dependen, junto a la satisfacción de múltiples servicios y derechos ciudadanos, la atención a las emergencias sociales, la detección en primera instancia de los principales problemas de convivencia y el arbitraje necesario para el mantenimiento de esta. Lo que no quiere decir que, más allá de la agenda que definen autónomamente cada edil y grupo municipal en función de las realidades específicas de sus localidades, la preparación de estos comicios sea ajena a las prioridades, estrategias y proyectos de las formaciones políticas con vocación de gobierno.

Hoy revisamos cómo se sitúan ante la cita electoral los tres partidos con mayor peso municipal en Catalunya. El PSC parte con la ventaja de haber sido el partido más votado hace tres años y haber gestionado gran parte del poder local del país, incluyendo ciudades como Barcelona, L’Hospitalet, Lleida y Tarragona. Los socialistas catalanes confían en su gestión. Gobernar en Girona ocupa un lugar preferente entre las prioridades socialistas, y el paso de numerosos cargos municipales consolidados a la administración catalana presenta, en cambio, el desafío de poner a prueba a sus sustitutos. Esquerra Republicana sufrió en las pasadas municipales una severa caída, perdió su primer lugar y abrió un ciclo de resultados electorales negativos. Luego se abriría un periodo de confrontación interna, saldado con la victoria de Oriol Junqueras, pero que ha dejado secuelas. La cúpula republicana quiere pasar página y, a partir de ahí, tomar impulso para recuperar el terreno perdido. En Junts per Catalunya calculan que Carles Puigdemont habrá recibido la amnistía y podrá participar en la campaña. Sin embargo, uno de los desafíos de Junts es reunificar el antiguo espacio de Convergència. Pero lo más determinante va a ser la lucha con la Aliança Catalana de Sílvia Orriols, en especial en la Catalunya interior.

Pero si bajamos de la estrategia partidista a nivel de la calle, antes que los cálculos de los spin doctors de los aparatos es necesario escuchar la voz de los alcaldes, a quienes estamos dedicando una larga serie (que este fin de semana ha puesto el foco en Granollers, El Prat de Llobregat, Manresa y Santa Coloma de Gramenet) sobre cuáles son sus fórmulas para abordar el reto migratorio y sus múltiples derivadas. Y aquí aparecen necesidades, prioridades y estrategias transversales, al margen de las siglas. No negar las realidades (y evitar así dejar el campo libre a discursos de enfrentamiento), fomentar la convivencia frente a los discursos del odio, demostrar que se actúa más allá de los discursos contra la crisis de acceso a la vivienda y procurar la prestación de servicios públicos de forma transparente y equitativa son los puntos comunes que unen a alcaldes de distinto signo. Todos con el reto de que no se rasguen las costuras de nuestra sociedad, un reto que, en el calor de la campaña, se pondrá a prueba.