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Opinión | El mar alrededor

Carol Álvarez

Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico

¿Transporte gratis? No era eso

La gratuidad de los trenes en Cataluña se extiende ante los problemas en las vías, contrastando con la medida australiana para mitigar el impacto de los altos precios del combustible, derivados de la guerra de Irán

Tren de Rodalies de la línea R4

Tren de Rodalies de la línea R4 / Lorena Sopeña

Trenes gratis un mes más, en Rodalies, por los problemas que se alargan en las infraestructuras catalanas. Las líneas de tren llevan dos meses con esta medida a modo de compensación de las molestias a los usuarios, al fin y al cabo es un servicio público. Una usuaria habitual que viaja de Cardedeu a Barcelona contaba a EL PERIÓDICO esta semana que subir al vagón es lo más parecido a abrir un huevo kinder, una sorpresa, y no siempre buena si buena se entiende porque funcione sin incidencias y cumpla su horario. La gratuidad del transporte público intenta motivar a la ciudadanía que desierta de usarlo, pero en sí misma no sirve de nada si no cumple con su fin último, la eficacia.

Este mes, en las Antípodas, varios estados de Australia han puesto en marcha también una medida de gratuidad de los trenes y autobuses de su titularidad por motivos bien distintos: pretenden con este estímulo que los ciudadanos no sufran la penalización económica de los precios desorbitados de la gasolina por la guerra de Irán. Igual que toda Asia, Oceanía tiene una fuerte dependencia del petróleo que importan de los países del Golfo, y las perspectivas de normalización de los precios parecen lejanas. 

Australia es una nación altamente dependiente de los coches. El transporte público está muy concentrado en las ciudades y no está tan extendido como en otras urbes del mundo, por eso el Gobierno de Albanese ha optado por su parte por reducir de forma generalizada los impuestos del combustible. No es el caso de España, donde las ciudades que concentran más población suelen tener una red de transporte público integrado en los usos de sus vecinos y trabajadores: se calcula que en Barcelona y su área metropolitana la usan algo más del 60% de habitantes. Las medidas del Gobierno de Sánchez que arrancaron con la primera crisis energética causada por la guerra de Ucrania llevaron a bonificaciones en transporte específicas, más quirúrgicas, pero la guerra de Irán ha tensado aún más los bolsillos.

La crisis que se alarga debe dar lugar a respuestas de calado, con cambios de modelo en el horizonte político, y la gratuidad no se sostiene en el tiempo si no se gana la confianza de los usuarios y se apuesta, en serio, por alternativas que nos den menos dependencia energética. 

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