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Opinión | Religión
Imma Sust

Imma Sust

Periodista

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Semana muy Santa

A veces me da por pensar que hay algo más detrás de esta nueva oleada de fe mediática. Que conviene recuperar ciertos discursos

Procesión viernes de Dolores

Procesión viernes de Dolores / IAGO LOPEZ / LCO

Por fin termina la Semana Santa. Procesiones, incienso, vírgenes que lloran y gente que sin pisar una iglesia en todo el año, de repente se emociona viendo pasar un Cristo por su calle. Nos reímos de los terraplanistas. Nos escandaliza que alguien crea que las vacunas llevan chips, que nos gobiernan reptilianos o que Walt Disney sigue congelado. Pero nos parece de lo más normal que millones de personas crean en Dios y en relatos que no resisten ni la pregunta más simple. Nadie hoy cree en Zeus ni en Hera, pero durante siglos también fueron verdades absolutas. Historias que explicaban el mundo, calmaban el miedo y daban sentido a lo inexplicable.

Se supone que el mundo avanza. Más ciencia, más conocimiento, más respuestas. Y, sin embargo, da la sensación de que en lo religioso vivimos una regresión extraña. Cada vez más rostros conocidos hablan sin complejos de su fe. Artistas que antes representaban el exceso, la ruptura, el “sexo, drogas y rock and roll”, ahora se nos vuelven místicos. Pero no místicos en plan yoga y tantra, ¿no? ¡Místicos católicos! Y ahí es donde algo chirría. A veces me da por pensar que hay algo más detrás de esta nueva oleada de fe mediática. Que alguien ha decidido que conviene volver a hablar de Dios. Que conviene recuperar ciertos discursos. Que conviene que algunos rostros conocidos lo normalicen.

Rosalía, Tamara Falcó, el otro día Ylenia Padilla en la tele diciendo que Dios la había salvado, Nachter en redes sociales e incluso Justin Bieber hablando abiertamente de su fe. Cada día son más. Me parece muy curioso. Y toda esta oleada de fe coincide con la subida de la extrema derecha, que ya no es marginal. En la última década ha crecido hasta niveles que hace unos años parecían impensables. ¿Casualidad? La historia ya nos ha enseñado que la propaganda siempre encuentra su canal. En la Alemania nazi, Joseph Goebbels se encargó de que cada hogar tuviera una radio para poder escuchar bien la idología nazi. Hoy no hace falta repartir aparatos. Tenemos a famosos, influencers y algoritmos haciendo el trabajo. Que Dios nos asista

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