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Opinión | Remodelación del Gobierno
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

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Carlos Cuerpo. Sin pausa ni ruido

Carlos Cuerpo, ministro de Economia

Carlos Cuerpo, ministro de Economia / Jesús Morón, Junta de Andaluc / Europa Press

"A largo plazo, todos estaremos muertos". Esta muestra de sentido común con la que respondía John Maynar Keynes a las propuestas alargadas demasiado en el tiempo podría haber sido suscrita por sus coetáneos Bernard Shaw o Churchill. Incluso por el osado Oscar Wilde un poco antes. Cuestión de estilo, cultura, capacidad e insolencia propios de su clase. Que Keynes sea uno de los grandes de la economía lo explica su defensa de la necesidad de permanente adaptación a las nuevas realidades provocadas por la evolución de los hechos. De ahí su popular réplica al contrincante que le acusó de incoherente: “cuando cambian las circunstancias, yo cambio de opinión. ¿Usted no?”

Fue en el período de entre guerras cuando el padre de la macroeconomía advirtió que la progresiva mejora de los mercados de inversión hacía aumentar el predominio de la especulación. Y que quienes se lucraban de ella eran su consecuencia y no su causa. Asimismo, señaló que los gobiernos tienden a dirigir la indignación popular contra los especuladores porque “siempre les resulta más fácil señalar a otros que aceptar que el motivo de la crisis pueda deberse a causas económicas”.

Toda guerra provoca aprovechamiento. El beneficio de unos pocos a costa de la desgracia de muchos. La que nos ocupa no es una excepción. La autoridad competente tiene abierta una investigación por si hubo filtración de decisiones de la Casa Blanca que facilitaran que algunos inversores multiplicaran sus ganancias en cuestión de minutos gracias al petróleo y otros valores de Wall Street. Los expertos saben, no obstante, la dificultad de tal aventura. Una máxima del mundo bursátil advierte “lo fácil de detectar y lo difícil de probar” este tipo de manipulaciones. Mucho más teniendo en cuenta la red de intereses económicos que se tejen en torno al despacho oval.

No han sido Trump ni la guerra quienes han llevado a Pedro Sánchez a remodelar su gobierno pero sí a elegir para vicepresidente primero a Carlos Cuerpo Caballero (Badajoz, 26 de septiembre de 1980).

El ministro continuador de la línea trazada por Nadia Calviño es el responsable de que nuestra economía siga creciendo por encima de la media de la Unión Europea convirtiéndola en referencia internacional. Las previsiones indican que así seguirá siendo si los trastornos mundiales no se enquistan y todo salta por los aires. El riesgo existe. Pero esto ya no depende solo de él, ni del gobierno, ni del país, ni siquiera de la UE. Aun así, ese técnico poco dado a las estridencias, discreto y madrugador, metódico y políglota, acepta que ya no podrá pasar tan desapercibido y que la misma oposición que apenas le ha preguntado por su gestión durante los últimos dos años le sitúe en su punto de mira más por polarización partidista que por deméritos políticos o decisiones temerarias. Esto no resta tenacidad al miembro mejor valorado del ejecutivo ni su apuesta por la mano tendida y el acuerdo a sabiendas del previsible rechazo.

Orgulloso de un pasado familiar que reconvierte en la versión española del sueño americano, Carlos Cuerpo es consciente de que su historia, como la de tantos, es el resultado del esfuerzo personal y la mejora de la base social que se lo ha facilitado. Nieto de minero, hijo de emigrantes y “expat” él mismo de adulto, el economista aprendió de Keynes que rara vez sucede lo inevitable. Lo que suele ocurrir es lo inesperado.

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