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Opinión | Espacio
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Viaje (identitario) a la Luna

Los veganos, los trans, los hispanos, los afectados por el síndrome de Down, los obesos, los ciclistas y los abuelos que tienen a los nietos a su cargo, deberán esperar a próximas misiones espaciales

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EFE

Viendo las imágenes de la tripulación que pisará a la Luna medio siglo después de que lo hiciera el último humano, observo que la NASA está a lo que hay que estar, que son las políticas de identidad. De los cuatro tripulantes, uno es una mujer y el otro un negro, así que interpreto que se trata de mandar al espacio a las minorías históricamente oprimidas, como manda el signo de los tiempos. Los otros dos tripulantes son hombres y blancos, pero algún hándicap deben de tener, o no estarían ahí. Por fuerza uno de ellos es gay, si bien no resulta fácil saber a simple vista cuál de los dos, necesitaríamos más datos, pero supongo que ya lo tendrán hablado entre ellos. Seguro que el otro padece una discapacidad, tal vez es cojo, aunque en las fotografías no se aprecia bien, sería necesario un vídeo. Doy por hecho que no es ciego, o la expedición podría acabar en Marte, que cae más lejos, aunque sería un hito espacial, a veces las grandes gestas surgen de equivocaciones, miren ustedes a Colón. Descartamos, eso sí, que ese cuarto pasajero -sea el que sea- sufra alguna deficiencia cognitiva, ya que para demostrar que en EEUU tal cosa no impide ocupar ningún puesto de responsabilidad ya tienen ahí a su presidente, no hace falta embarcar a un tonto en un cohete.

Quedan muchas minorías por viajar a la Luna, y todas tienen sobrados motivos de queja y reivindicación, pero téngase en cuenta que los colectivos oprimidos son cada vez más, y un viaje a la Luna no es una excursión de final de curso en autobús, en el módulo cabe la gente que cabe, ya cuatro van a ir apretados. Los veganos, los trans, los hispanos, los afectados por el síndrome de Down, los obesos, los ciclistas y los abuelos que tienen a los nietos a su cargo, deberán esperar a próximas misiones espaciales, un poco de paciencia, ahora que hemos empezado, habrá para todos. Salvo para los animales, que ya tuvieron su oportunidad en los albores de la conquista del espacio, cuando la perra Laika orbitó unas cuantas veces alrededor de la Tierra. Sin llegar a pisar la Luna, es cierto, pero no fue por discriminación sino porque en la expedición no iba ningún humano para recogerle las deposiciones en su paseo lunar y nuestro satélite habría quedado hecho un asco. Y no habría sido muy épico decir que aquello era una pequeña cagadita para un perro pero un gran salto para la humanidad.

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