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Opinión | Oriente Próximo

Sergi Sol

Sergi Sol

Periodista

Barcelona

Netanyahu no es Trump

Oriente Próximo se transforma tras un mes de la guerra iniciada por EEUU e Israel contra Irán

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, junto al presidente de Israel, Benjamin Netanyahu

El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, junto al presidente de Israel, Benjamin Netanyahu / DANIEL TOROK / CASA BLANCA

El líder israelí es un tipo curtido en mil batallas. A menudo con coraje y determinación. No lo guía la gloria ni el dinero. Es heredero de un ideal, de una obsesión, el Gran Israel, una Patria de los judíos segura, que entiende poco de fronteras y en la que no cabe nadie más.

Es un hijo de la tradición del Irgun, de Menajem Begin, frontalmente opuesto al laborismo de Ben Gurion. Cuando en Irán aún estaba el Sha y Homeini era un exiliado en Francia, Netanyahu llevaba años peleando en primera fila contra los árabes, contra todos sus vecinos que, a su vez, andaban a la greña entre ellos. También por eso fueron derrotados en 1948 y nuevamente en 1967. Mientras los israelíes luchaban por establecer su Patria en tierra Palestina, las naciones árabes perseguían sus propios intereses. Palestina y los palestinos jamás fueron su prioridad.

Tras el susto en la Guerra del Yom Kippur y tras lograr un acuerdo de paz con Egipto, con Begin al frente, los países árabes dejaron de ser una amenaza existencial. Egipto neutralizado con el panarabismo superado, Jordania escaldada aferrándose a su orilla del Jordán y el Líbano destrozado por la Guerra Civil. Quedaba Siria. Pero Siria, la laica Siria, jamás fue una amenaza verdadera pese a su influencia en el Líbano.

Ya por aquel entonces, cuando Reagan llegó a la Casa Blanca, Netanyahu tenía claro cuál era el verdadero enemigo. Éste no era otro que Irán. 'La principal fuerza que pretendía nuestro fin ya no era el mundo árabe, sino la República Islámica de Irán' confiesa en sus memorias donde da buena cuenta de su pasado como activista civil y militar.

Netanyahu desea un Oriente Medio amable con Israel, donde no se discuta su preeminencia ni mucho menos su existencia. Además de olvidar esos incómodos 7,5 millones de palestinos que viven en Israel y los territorios ocupados más la diáspora de la Nakba.

Y parece que va camino de lograrlo. Por lo menos en cuanto a Irán se refiere, tal vez el último escollo. Ante todo porque finalmente ha encontrado en Washington a un matón, a un niño grande al mando del Ejército más poderoso del mundo, a un frívolo narcisista y megalómano, al que ha empujado a una guerra que ni los vaqueros Reagan y Bush se plantearon jamás.

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