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Opinión | Debate sobre la eutanasia
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El derecho a la derrota

Una paciente a la espera de una eutanasia

Una paciente a la espera de una eutanasia / EL PERIÓDICO

Hace tres dias que murió Noelia. Mucha tinta ha corrido. No sé si los mismos que hoy discuten sobre su muerte se habrian atrevido a juntar dos líneas sobre su vida. Cuando el horror acaba es muy fácil contar la historia y hacer bandera del caso. Es sencillo pontificar desde nuestra pantalla del ordenador, donde no llega el olor a muerte.

Oriol Solé Altimira ha escrito que, "con su muerte, Noelia ha ganado". Piensa que decir esta clase estupideces te ensalzan como defensor del progreso. Fingir que la puerta de atrás es una salida a hombros no es un argumento a favor de la eutanasia. Es sólo la manifestación de una gran superficialidad y no menor estulticia.

Celebra la muerte sólo quien no siente ninguna responsabilidad ante el fracaso de una vida mil veces destruida. Escribir sobre las penurias de su vida para justificar tu celebración no te hace más sensible; sólo manifiesta mejor tu cinismo: tienes el estómago de vitorear la muerte porque el dolor vital que describes no va contigo.

Sin embargo, responsables de su vida maltrecha somos cada uno de los miembros de nuestra sociedad. Especialmente los barceloneses. Mas allá del deber concreto que tuvieran sus familiares, los médicos y las instituciones, como miembros de la sociedad no tenemos ningún derecho a desentendernos del sufrimiento ajeno. Incluso para quien quiera defender la eutanasia, la muerte deseada tiene que ser considerada un fracaso. Una derrota de la sociedad que no ha garantizado los medios para una vida suficientemente digna.

De lo contrario no podría ser nunca un derecho. ¿Por qué ibamos a tener el deber como sociedad de provocar la muerte a quien sufre si no es porque antes somos responsables de su vida?

Fracaso

Por eso, para quien quiera defender la eutanasia, sólo puede ser asumida como un fracaso de la responsabilidad que tenemos unos frente a otros. Porque no hemos sido capaces de garantizar la dignidad de una vida y hemos sido derrotados, entonces nos vemos en la obligación procurar una salida. Sólo esto puede ser el derecho a la eutanasia para quien quiera tenerla como bandera: un fracaso y una derrota. De ahí que, quien celebra la muerte de Noelia, además de un desalmado, es un inmoral y un idiota, que no ha entendido aquello que pretende defender.

En el caso de esta chica, además, hemos fracasado doblemente. Desde la reforma del trato legal de las incapacidades mentales de 2021, nos hemos desentendido de aquellos que sufren demencias de todo tipo. Si ha podido declararse judicialmente que una persona con intentos suicidas, una depresión y trastorno de la personalidad está en sus plenas facultades para elegir su muerte es porque desde hace cinco años la incapacitación ha desaparecido prácticamente de nuestro ordenamiento.

Cualquiera que haya convivido con un deprimido sabe que los deseos suicidas manan de ese estado mental no escogido libremente. Pero el legislador ahora cree que tienen una autonomía suficiente para dirigir sus vidas. Después, claro, solo queda hacer de la eutanasia el sumidero por el que caen todos aquellos que hace tiempo hemos abandonado.

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