
Periodista, escritora y exdiputada en el Parlament
Dormid, dormid, malditos
¿Vale el ahorro energético que políticos y expertos nos prometen, la lenta e inexorable descapitalización de nuestro descanso?
¿Cuándo será el próximo cambio de hora? ¿Será el último en España?

El domingo llega el horario de verano, un cambio cuestionado pero ya reglado hasta 2031
¿El tiempo es oro? ¿O el oro es el tiempo? ¿Son los defensores del cambio de hora, ese 'jet-lag' por decreto dos veces al año, los más responsables de la tribu, o son unos tiranos desfasados a los que hay que quitar el reloj, como conviene quitarle dos pistolas a un mono?
Una vez más, 'Spain (con Catalunya dentro) is different'. ¿Es verdad que, como en España, no se vive en ninguna parte? Yo por lo menos doy fe de que aquí se duerme menos que en ningún otro país que servidora haya visitado o conocido. Que se lo pregunten a los agentes de la CIA, que en los años 50 establecieron en Madrid un operativo conjunto con los servicios secretos españoles de la época para interrogar a recién liberados del gulag soviético a la muerte de Stalin, a ver si nos habían “colado” algún agente doble de Moscú. Los americanos querían hacer los interrogatorios de 9 a 5 con una pausa de veinte minutos para el 'sandwich' (que no bocadillo). Los españoles exigían no menos de dos horas para ir a comer a casa, echar algo de siesta y volver. No hubo manera de acercar posiciones. La excepción ibérica se mantuvo.
En casi todo el mundo la gente acaba de trabajar a las cinco, a las siete ya ha cenado y a las once de la noche está en la cama, habiendo hecho de todo. De todo es de todo. Aquí empezamos a hacer de todo cuando los demás ya cuentan ovejitas. Ciertamente, hubo un tiempo en que la siesta era el arma secreta para aguantar semejante ritmo. Pero la globalización y otras calamidades han dejado cada vez menos margen para dormir de día lo que no se duerme de noche. Y luego pasa lo que pasa. Créanlo o no, pero todo un 'The New York Times' publicó hace unos años, con la mayor seriedad, que la pérdida de la siesta estaba haciendo caer en picado la libido -para ellos mítica…- de los españoles. Cuando digo con la mayor seriedad, quiero decir que hasta entrevistaron a un famoso actor porno nacional para corroborarlo.
Y si solo fuera eso. Como bien se señala en estas páginas, el insomnio crónico tiene muchas veces cara de mujer. Esa mujer que, por mucho feminismo que por ahí resople, suele ser la que sigue cargando con los mayores cuidados de la familia y de la casa, añadidos a su propia jornada laboral, por supuesto arañando todo eso a sus cada vez más menguadas horas de sueño. Si a eso añadimos la sibilina trampa del trabajo autónomo o del teletrabajo, ese que se puede hacer “en cualquier momento”, pero en algún momento hay que hacerlo…pues suma y sigue.
En resumen, el gran dilema es: ¿vale el ahorro energético que políticos y expertos nos prometen, la lenta e inexorable descapitalización de nuestro descanso? En estos tiempos de gatillo populista rápido, es tentador pensar que los expertos se equivocan, que los políticos mienten, y que ya es hora de plantarse, como los Mortadelos españoles de los años 50 se plantaron ante los hombres de la CIA. O eso, o darle una vuelta a nuestros hábitos. Y espera, que a alguien no se le ocurra cobrarnos impuestos por dormir más o menos…
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