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Opinión | Guerra de Irán
Josep Borrell

Josep Borrell

Presidente del Cidob

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Cuando la serpiente se muerde la cola

Trump no calculó bien sus fuerzas ni las del contrario. Y no sería porque sus militares no le advirtieran que Irán cerraría fácilmente el estrecho de Ormuz y provocaría una grave crisis energética

Trump pospone al 6 de abril el ultimátum para atacar las plantas eléctricas de Irán

Irán dice que Ormuz sigue abierto salvo para EE.UU. e Israel, pese al ultimátum de Trump

Irán dice que Ormuz sigue abierto salvo para EE.UU. e Israel, pese al ultimátum de Trump

Hace un mes que Israel y EEUU iniciaron sus bombardeos contra Irán y el Líbano. Trump dice que eso no es una guerra, porque para eso necesitaría la aprobación del Congreso. Le llama “incursión”, de igual manera que Putin llama a la de Ucrania una “operación militar especial”, que pensó que iba a durar dos semanas y ya lleva más de 4 años.

Trump tampoco calculó bien sus fuerzas ni las del contrario. Y no sería porque sus militares no le advirtieran que Irán cerraría fácilmente el estrecho de Ormuz y provocaría una grave crisis energética. Y, como veremos, en una todavía más grave crisis química y alimentaria mundial.

Todo depende de cuánto dure esa “incursión”, que se estima que en las primeras tres semanas le ha costado 30.000 millones de dólares, y causado 5.000 muertos en Irán. Sin que vaya a servir para aumentar la libertad de los iraníes, la seguridad de Israel o la estabilidad del Líbano y del resto del Oriente Medio. Una región que lleva en guerra desde que acabó la Segunda Guerra Mundial, y cuya complejidad se escapa a quien vive en la burbuja de su narcisismo delirante, y cree que el uso de la fuerza se lo permite todo.

En realidad, a casi todos los occidentales se nos escapa esa complejidad. Como decía De Gaulle, “al Oriente complejo nos acercamos con nuestras ideas simples”. Esta es la enésima Guerra del Golfo, como si la Historia se repitiera sin fin

Por el momento, Trump ha vuelto a prorrogar, por 10 días, el plazo para llevar a cabo su amenaza de destruir completamente el sistema eléctrico de Irán si este no abre el estrecho de Ormuz. Hemos pasado de decir que solo aceptaría una rendición sin condiciones para nombrar al nuevo dirigente del país, a enfrentarse a dos opciones igualmente difíciles y peligrosas.

La primera sería tocar a retirada, anunciando a bombo y platillo que se habían alcanzado los objetivos militares, puesto que Jameneí y muchos de los dirigentes habían sido eliminados e Irán casi destruido. La segunda, la escalada militar, para la cual se están desplazando miles de tropas de marines y paracaidistas.

Pero Trump no podría cantar victoria de una forma efectiva si Ormuz siguiera cerrado. Tiene que abrirlo por negociación o por la fuerza.

La escalada conduciría a un conflicto regional de grandes dimensiones, extendería el caos en los mercados de la energía, de los minerales, de los alimentos y financieros. Y le obligaría a poner “las botas en el suelo”, quizás empezando por la isla de Jarg, pero con un número de bajas que la opinión pública americana no aceptaría.

Casi todos los minerales de la revolución digital se producen usando grandes cantidades de ácido sulfúrico. Este se obtiene a partir de azufre que, a su vez, proviene de la destilación del petróleo. Si no hay petróleo se interrumpe la producción de estos minerales

Pero lo grave no es solo el precio, o peor aún, la falta de suministros de petróleo y gas. Hay que tener en cuenta que casi todos los minerales de la revolución digital, níquel, cobre, litio, helio.. se producen usando grandes cantidades de ácido sulfúrico. Este se obtiene a partir de azufre que, a su vez, proviene de la destilación del petróleo. Si no hay petróleo se interrumpe la producción de estos minerales y otros productos petroquímicos, que están en la base de la transición verde y de la sustitución de la gasolina y el diésel por los vehículos eléctricos. Como se suele decir, la serpiente se ha mordido la cola, y lo que se pretendía sustituir resulta que es imprescindible para que la sustitución se produzca.

Y más grave todavía. La Humanidad puede, mal que bien, producir los alimentos que necesita porque usamos fertilizantes. Que se producen a partir de productos nitrogenados derivados del petróleo, con distintos nombres familiares como el amoniaco, la urea… Hay más de 650.000 toneladas de urea retenidas en Ormuz, que deberían servir para producir los fertilizantes que usa medio mundo, desde los agricultores pobres del Sahel, los más afectados, a las granjas de maíz de Iowa, donde Trump tiene muchos votantes.

Las negociaciones diplomáticas se pueden retrasar, pero el tiempo de la siembra no. Y si no se siembra no hay cosecha. El mundo puede dirigirse hacia una crisis alimentaria mucho más grave que el pagar más cara la gasolina.

Veremos después de Semana Santa, cuando acabe el nuevo plazo que nos ha dado ese Nerón de los tiempos modernos, que ha encendido una guerra que alguien le advirtió que no nos podíamos permitir.

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