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Opinión | Relevo ministerial
Juan Cruz Ruiz

Juan Cruz Ruiz

Periodista y escritor

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Cuerpo España

La materia de un país es su cuerpo, así es. Así ahora es el vicepresidente, un cuerpo que muchos irán a batir. Pues que se prepare.

Carlos Cuerpo, en su toma de posesión como vicepresidente: "Mi compromiso es mantener vivo el sentimiento de que España crece"

DIRECTO | Carlos Cuerpo y Arcadi España reciben las nuevas carteras / Sara Fernández

Como si España se hiciera persona, ahora tiene cuerpo y es España, es decir 'cuerpo españa', como consecuencia de que sus dos ministros de la economía, uno grande, el otro más pequeño, se llaman con nombres verdaderamente propios. Cuerpo y España.

Uno representa al cuerpo, la esencia de las personas, y el otro se llama España, precisamente, que es la esencia del país que habitamos y que, por otra parte, también nos habita. De esos dos nombres propios que la naturaleza y el territorio le prestan ahora al Gobierno de este país, es evidente que Cuerpo parece lo que se toca, lo próximo, lo que no es solo España sino lo que es lo duele o se toca. La materia de un país es su cuerpo, así es. Así ahora es el vicepresidente, un cuerpo que muchos irán a batir. Pues que se prepare.

Desde que llegó al Gobierno, por unas razones o por otras, este hombre ha ido cambiando de fisonomía, como si no se adaptara su cuerpo, al menos el cuero facial, a su manera de estar en la vida. Ha sido al principio muy tímido, como un muchacho que viniera de la escuela y no hubiera pasado por la universidad o por el trabajo. Como si fuera, quiero decir, un aprendiz, y en este caso como un aprendiz de la Patria, lanzado al arte de gobernar antes de ser, por ejemplo, un profesor curtido en la tarea de mandar.

Poco a poco, dejó de ser tan solo Cuerpo y pasó a ser su nombre y su apellido, y ahora ya es, como consecuencia del hecho de que es vicepresidente, parte de un Gobierno que no está tan solo ocupado por lo que ocurre con la economía, sino que pena con todo lo que le caiga en cuanto tenga que decir cuatro o cinco cosas desde el estrado que le aguarda.

Ahora, cuando era todavía un ministro raso, Cuerpo ha tenido que subir al estrado a contar qué iba a ser ahora, en tiempos tan turbulentos de la economía, desarmada en gran parte por lo que le sucede al mundo. Él se subió al estrado siendo el enviado de un primer ministro zaherido y además herido por lo que le dicen los del banco contrario. En su última obligación como ministro a secas, Cuerpo se llevó los apuntes, escritos a mano, por lo que vi, como si viniera del Colegio España, por ponerle ese nombre a este lugar sin límites que es este país en tiempos de crisis.

Tuvo que aguantar la burla y el sainete, en una jornada que incluyó palabras sin aire, muy desairadas, del líder de Vox. Cuando se subió Cuerpo al estrado y oteó el horizonte, él mismo pareció tomar una decisión: sabía que si miraba a los lados, al suyo y al contrario, iba a sentirse parte de la presidencia, cuando en realidad era un enviado civil de los que mandan en este país: el presidente, la vicepresidenta, algunos de los que están siempre en ese estrado.

Él era poco entonces. Pero hubo un momento, cuando miró al escenario que no quiere que el Gobierno siga, rasurado ahora como si exhibiera el sosiego de la cara, en que dio la impresión de que Carlos Cuerpo ya sabía que no había modo de disimular, por su parte, que sería el ministro principal en un par de horas.

Cuando volvió a su sitio, alejado de casi todos y también del presidente, miró a los celajes, aplaudió a sus colegas desde el asiento y luego, al salir, se abrazó, ahora sí lo hizo riendo a carcajadas, con su por otra parte risueña antecesora. Nadie sabía, que no fueran el presidente y unos cuantos, que ya él mascaba la naturaleza del futuro. Eso se le vió, quizá, cuando se desabrochó del abrazo de la mujer que lo precede.

Ya Cuerpo fue vicepresidente de España un rato más tarde, igual que lo fue el más risueño, hasta ahora, de los habitantes de esta tierra que se llama como él. El valenciano que se llama España accede a este momento de su patria desde la zona socialista del Gobierno; las imágenes que lo preceden son las de un ciclista risueño sobre el que cae un porvenir verdaderamente concomitante con lo que le toca lidiar: la economía que no le toque a Cuerpo la tendrá que lidiar España.

Ahora se le ha visto a España saludar con enorme alegría, casi infantil, al presidente del Gobierno. Viene de un país, Valencia, que tuvo miedo hace nada, sobre la que cayeron terribles sucesos que no se han arreglado, porque son parte sangrienta del alma de los pueblos: la tristeza, el dolor, y por tanto la melancolía. España es testigo de esa España. Su nombre tiene una potencia enorme, y su trabajo ahora es más que el de un ministerio: también será la consecuencia de una broma: “Conque España, eh, ¡a ver si te la mereces, baladrón”. Con esas bromas andará de su casa al ministerio, y además en bicicleta.

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