
Profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC.
Elogio del Derecho en tiempos de desorden
Sufre una paradoja inherente: a pesar de ser un instrumento del poder, el Derecho es, a la vez, arma y escudo de los débiles

Celebració d’un judici a la Ciutat de la Justícia. | JORDI OTIX
Frente al desorden descomunal que hoy pone en jaque el orden global y local, es momento de hacer una loa al ordenamiento jurídico. Tal como sucede con muchas cosas de nuestra vida cotidiana, es cuando las perdemos cuando más las valoramos.
En medio del temporal de tensión y polarización política, nos podemos refugiar en el Derecho. Resulta especialmente oportuno, pues, dar noticia de la publicación de un libro excepcional surgido de la pluma de un jurista extraordinario, una obra maestra que reivindica el Derecho como forma de ordenar la vida en sociedad.
'Elogio del Derecho. Diálogos sobre los fundamentos del Derecho y la justicia', escrito por Víctor Ferreres, buen conocedor del Derecho continental y también del Derecho anglosajón, especialmente del norteamericano, ofrece una magnífica introducción al Derecho a partir de un diálogo imaginado entre un profesor veterano (una especie de 'alter ego' idealizado del autor del libro) y un par de estudiantes a punto de iniciar el grado en Derecho, Álex y Gala.
Mediante este diálogo, el profesor Ferreres logra trasladar el método socrático que usa magistralmente en el aula universitaria a un texto escrito con tono divulgativo. Si bien profundo y extenso, el libro de Ferreres se expresa de manera simple y agradable a fin de seducir al gran público.
El libro, que a veces recuerda el estilo de 'El Mundo de Sofía', expone los conceptos y principios fundamentales de las diferentes ramas del viejo y noble árbol jurídico. En detrimento de las teorías que ven el Derecho como un simple instrumento al servicio del poder, el profesor Ferreres nos muestra buenas razones (algunas de las cuales contraintuitivas) que explican las diversas opciones por las cuales el Derecho y la justicia se decantan.
A diferencia de la justicia en un sentido filosófico, el Derecho sufre una paradoja inherente: a pesar de ser un instrumento del poder, el Derecho es, a la vez, arma y escudo de los débiles. El Derecho se rebela contra la injusta premisa realista, según la cual los fuertes hacen lo que quieren y los débiles sufren lo que deben. En contextos democráticos, el Derecho ofrece una alternativa mucho más atractiva: los débiles también deben ser actores relevantes en la creación del Derecho y su protección es un buen motivo para que el Derecho impere.
Con todo, el Derecho ha de alcanzar un equilibrio entre el principio de debilidad y el principio de realidad. La conciencia de debilidad es motor de sociabilidad, una potente razón para crear sociedades políticas reguladas por el Derecho. Pero no debemos perder de vista el principio de realidad si queremos que el Derecho consiga la obediencia y la efectividad suficientes para imperar, en vez de operar como una simple utopía. Conviene aspirar a una utopía realista.
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