
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
El conde de Sert: muy monárquico y muy de izquierdas
Conectado a la vida barcelonesa, era un hombre polifacético, pues sus intereses iban desde la gastronomía, al arte, la cultura y la política
Fallece el conde de Sert, uno de los grandes gastrónomos de Catalunya

Francisco de Sert, conde de Sert, en una imagen tomada en 2004 en su domicilio. / Albert Bertran
A Francisco Sert Welsch (1940-2026), muy ligado a la vida barcelonesa, todo el mundo le conocía como Frankie o, más aún, como “el conde de Sert", título nobiliario -concedido a su abuelo por Alfonso XIII, en 1904- y del que se mostraba muy orgulloso. Hasta el punto que algunos artículos que envió a varios diarios (EL PERIÓDICO, 'La Vanguardia' y 'El País') quería firmarlos no con su nombre sino como el Conde de Sert. Era un hombre polifacético, pues sus intereses iban desde la gastronomía, al arte, la cultura y la política.
Nació en una familia de la alta burguesía muy implicada en el mundo cultural, pues su tío abuelo fue el muralista y pintor Josep Maria Sert y su tío el famoso arquitecto Josep Lluís Sert, discípulo de Le Corbusier, que se tuvo que exiliar a EEUU tras la guerra civil. Después de su regreso a España, fue el arquitecto de la Fundació Miró de Montjuïc.
Una de sus facetas más célebre fue la de gastrónomo. Hacía ostentación de su atracción por la alta cocina (fue miembro de la Acadèmia Catalana de Gastronomia) y publicó el libro, titulado con todo desparpajo -una de sus características- 'El goloso: una historia europea de la buena mesa'. Y junto al arquitecto Miquel Espinet fue el promotor del restaurante Neichel, uno de los grandes restaurantes de Barcelona fundado en los primeros ochenta, para el que contaron con el famoso cocinero alsaciano Jean-Louis Neichel, que había oficiado -antes de Ferran Adrià- en el legendario El Bulli. También montaron en Madrid el Lúculo, situado en un palacete de la calle Génova, a escasos metros de la sede del PP.
Pero Frankie era mucho más que un gastrónomo. Con largas estancias veraniegas en Comillas (Santander), localidad relacionada con muchas familias catalanas como los Güell o los Ferrer de Freixenet, se le podría definir como “muy monárquico” y “muy de izquierdas”. Y “provocador”: no dudó en decir, en una entrevista, que “toda persona inteligente debe ser socialista”. Tanto él como su esposa, la historiadora del arte María del Mar Arnús, vinculada a la protección de animales y plantas, estuvieron muy implicados en la burguesía de izquierdas de mediados de los sesenta. El antifranquismo de la 'Gauche Divine'. No eran militantes, pero sí simpatizantes del PSUC y dicen que las sillas de la antigua sede del partido en la calle Ciutat fueron un regalo del matrimonio.
Luego no ocultó nunca -junto a su amigo Oriol Bohigas y Beth Galí- su fuerte apuesta por Pasqual Maragall y al maragallismo. Estuvo en Federalistes d´Esquerres y escribió que Felipe González era el gran político español del siglo XX. Pero iba más allá. Fue famoso su artículo a favor de Enrico Berlinguer, secretario general tras Togliatti del PCI, que buscó “el compromiso histórico” con la democracia cristiana de Aldo Moro, cuyo secuestro y asesinato nunca se han aclarado. En alguna larga sobremesa, Frankie dejó caer que estuvieron detrás -juntos- los servicios americanos y soviéticos.
Pero al conde de Sert le gustaba la vida social, más la progresista. Además del matrimonio Bohigas -un cuarteto que discutía de todo mientras asaltaba los buenos restaurantes- tuvo una gran relación con el monárquico Antoni de Senillosa, con el poeta (y accionista de Tabacos de Filipinas) Jaime Gil de Biedma, con los arquitectos, muy distintos, Federico Correa y Ricardo Bofill, y con la crítica gastronómica Carme Casas. Y una larga vinculación con el poeta ibicenco y catedrático Antoni Marí. Murieron al mismo tiempo, la madrugada del pasado lunes.
En los últimos años, estaba preparando una historia de la Europa de finales del siglo XIX y XX a través de sus escritores favoritos: Thomas Mann, Marcel Proust y Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Deja un hijo, Paco, dedicado a la arquitectura y dos hijas, Misia y Genara, activas en el mundo cultural y de la edición.
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