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Opinión | Gárgolas
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Huevos revueltos

Uno de los grandes debates de hoy es el de los platos precocinados, de cuarta o quinta gama, listos para calentar y comer. Dicen que dentro de veinticinco años ya no habrá cocinas en las casas

Alimentaria inaugura su edición más internacional con más de 1.200 empresas extranjeras

¿Van a desaparecer las comidas de las casas?

Huevos revueltos con bacon.

Huevos revueltos con bacon. / MAITE CRUZ

A lo largo de más de cincuenta años, un amigo organizó, cada Navidad, una cena. Es un cocinero experto y dedicaba a esta comida toda su sabiduría culinaria, atento también a las novedades del mercado. Otro amigo, poeta y artista, ilustraba los menús con una caligrafía personal y delicada y con un dibujo original y personalizado que hacía referencia a los manjares de la mesa o que se basaba en pretextos florales o arborícolas. Era tan preciosa, la combinación de la letra, el color y la música del evento, que se montó una exposición en la Llibreria 22, de Girona, y en el Motel Empordà, de Figueres. Aparte de la bondad de la comida, la memoria de los menús, con el paso de los años, también servía como material de estudio sociológico. Una de las cosas que más impresionaba (pendiente como estaba el cocinero tanto de la tradición como de la modernidad) era comprobar cómo había preparaciones que entonces eran una exquisitez 'deli' y que ahora permanecen en el cajón de las viejas glorias. Pienso, por ejemplo, en un cóctel de gambas (diría que hoy solo lo encuentras en los restaurantes chinos) o en unas exóticas endivias al roquefort que hoy parecen no de otro siglo, sino de otra era geológica.

Las endivias, como los kiwis o los aguacates, fueron una de las novedades de Alimentaria de hace cincuenta años. Lo explica muy bien el reportaje interactivo de EL PERIODICO en conmemoración de la efeméride de la feria de alimentación, que es a la vez un punto de encuentro empresarial de primer orden y una enciclopedia de los usos y costumbres del país a lo largo de medio siglo. Hemos pasado de las endivias a la lechuga en una bolsa, a los llamados “superalimentos” y a cosas tan estrambóticas como el “café funcional” (con hongos) o los adaptógenos, sustancias que refuerzan al organismo y luchan contra el estrés, la gaseosa prebiótica o los cócteles sin alcohol, que ya vienen preparados en una lata. Las patatas fritas que no son patatas, sino chips hechas con la clara del huevo, o ese 'fuet' recubierto de oro comestible de 24 quilates, que no sabes si comértelo o encerrarlo en la caja fuerte.

Uno de los grandes debates de hoy es el de los platos precocinados, de cuarta o quinta gama, listos para calentar y comer. Dicen que dentro de veinticinco años ya no habrá cocinas en las casas, que esa “cocina de conveniencia” (tenerlo todo preparado, sin trabajo) se zampará la cocina de convivencia, donde la comida tiene sentido cultural más allá de la supervivencia. Uno de los casos más extremos es el de la marca "Egg ¡Boom!", que propone una bolsa de huevos revueltos a la que se añade agua, se mezcla y se coloca en el microondas. En noventa segundos, dicen, ya tienes los huevos revueltos a punto de comer. Lo he calculado en casa. En el trabajo de poner aceite en la sartén, esperar a que se caliente, sacar los huevos de la huevera, batirlos, con una punta de sal, verterlos en la sartén, utilizar la espátula para conseguir la pasta informe que los identifica como revueltos y depositarlos en un plato, he invertido exactamente un minuto y veinte segundos. Es decir, ¡boom!

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