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Opinión | Oriente Próximo
Andreu Claret

Andreu Claret

Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO

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Feijóo y las guerras de Trump

Tuvieron que pasar tres semanas y un viaje a Bruselas para que modificara su posición inicial. De declarar que el mundo era mejor sin Jameneí, el líder del PP ha pasado a asumir la neutralidad de Europa

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Puede que Alberto Núñez-Feijóo sea el próximo presidente. De ahí que sus posiciones en política internacional sean relevantes. Siempre ha sido así, en consonancia con el papel de potencia media que tiene España y con el lugar preeminente que ocupa en la geopolítica, gozne ente Europa y África, puente con América Latina y dueña de la entrada a un mar al que van a parar casi todos los conflictos. Así fue con Felipe González, que supo sacarle partido a esta situación privilegiada, compitiendo con Francia y cambiando cromos con Helmut Kohl para afianzar cierta hegemonía en el Mediterráneo. A su manera, y desde la subordinación a Washington, José María Aznar también percibió que España puede hacer más de lo que le toca. En las Azores, llegó a creer que podía formar parte de una trinidad de elegidos cuando era un encuentro de trileros. Así le fue. Pedro Sánchez juega a contracorriente, con una Europa escorada hacia el polo opuesto, y un Gobierno acosado por la justicia, pero ha conseguido hacerse un lugar entre una opinión pública mundial cansada de la ola destructiva que llega de la Casa Blanca. Puede que la política internacional cuente poco para obtener votos, pero es la que fija el lugar de nuestros presidentes en los libros de historia.

Si Feijóo llega al poder, le tocará lidiar con un mundo agitado por las guerras que Trump ha desencadenado, inspirándose en una visión mesiánica y en algo menos espiritual, como son los negocios de sus allegados. Este mundo ya es una realidad. ¿Qué piensa el líder de la oposición sobre su existencia? Estoy seguro de que Núñez-Feijóo aborrece las guerras. Porque le suponen una piedra en el zapato y porque su talante es el de un gallego poco dado a las bravuconadas de un espadachín castellano como Aznar. Estoy seguro de que preferiría ver las guerras por televisión, al final de un telediario dedicado a las tropelías del sanchismo, como cuando Rajoy veía los deportes. Cómo mucho, como un pretexto para añadir leña al fuego político interno. Con este espíritu ha abordado la guerra de Ucrania, acusando a Sánchez de hacer caja con ella, o rechazando enviar tropas si antes no pacta un plan de política exterior. ¿Qué plan? Nadie lo sabe. No parece que Urcrania le importe mucho a los españoles. Otra cosa es el genocidio de Gaza. El amplísimo rechazo que tiene en España la erradicación de los palestinos le ha llevado a Feijóo a hablar de masacre y a calificar de inadmisible la destrucción de la Franja. No ha sido fácil, teniendo en cuenta que Ayuso, mientras tanto, felicitaba a Netanyahu, pero no ha pasado de ser una crítica a la brutalidad de la ofensiva israelí. Ni una palabra sobre los proyectos delirantes que tiene Trump para la Franja.

La falta de visión sobe la naturaleza de la nueva administración norteamericana se paga. Feijóo la pagó en Venezuela, donde quedó atónito ante el pacto de Marco Rubio con Delcy Rodríguez para maquillar el régimen a cambio de petróleo. De tanto dedicar sesiones del Congreso a denunciar los apoyos de Zapatero a Maduro, se acabó creyendo que la nueva doctrina Donroe busca la democracia para el Caribe. Algo parecido le puede pasar en Cuba.

Esta perplejidad de Feijóo ante la política exterior de Trump ha vuelto a descolocarlo en el conflicto de Irán. Incluso ante socios suyos europeos, que matizaron los apoyos iniciales a medida que la guerra escalaba. Tuvieron que pasar tres semanas y un viaje a Bruselas para que modificara su posición inicial. De declarar que el mundo era mejor sin Jamenei, Feijóo ha pasado a asumir la neutralidad de Europa, algo que Meloni hizo desde el primer momento. Estando en la oposición, la cosa tiene una importancia relativa. En el gobierno tendría mucha. Mientras Sánchez aprovecha para resucitar el 'No a la guerra', él no pasa de una banalidad como que a nadie le gusta la guerra, y calla frente a las barrabasadas de Abascal. ¿Cómo piensa gobernar Feijóo con un vicepresidente al que la derecha israelí considera un ‘compañero de armas’? Con un político que sueña en otra foto de las Azores, junto a Netanyahu y Donald Trump. En las autonómicas se puede eludir la pregunta. En las generales, no. Entonces sabremos qué piensa el líder del PP de las guerras de Trump.

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