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Opinión | Abusos en la UB

Ramón González-Piñal Pacheco (Universidad de Reims)

Qué es CREA y por qué me lo pregunto en presente de indicativo

Cuanto más sano esté el 'autodisuelto' grupo de investigación fundado por Ramón Flecha en la UB, más moribundas estarán nuestras universidades

Cartel contra CREA, en el campus de la UB, el pasado verano.

Cartel contra CREA, en el campus de la UB, el pasado verano. / Ferran Nadeu

El catedrático –ahora jubilado– de la Universitat de Barcelona (UB) José Ramón Flecha García ha sido señalado a lo largo de más de 20 años por decenas de supuestas víctimas de abusos no solo sexuales que habrían tenido lugar bajo su pleno liderazgo en el presunto y pretendido grupo de investigación CREA, que, a su vez, ha recibido acusaciones de grupo coercitivo o secta. La extraordinaria envergura del caso nos pone como sociedad frente a una auténtica amalgama de horrores, entre los que destaca la fertilidad de nuestro sistema universitario para el abuso.

CREA sigue existiendo en tanto en cuanto sigue conformando una organización fuertemente jerárquica y autoritaria

Pudiera ser, sería incluso saludable, que ustedes me tacharan de atrevido por el empleo de cuan gruesos términos desde estos mismos primeros compases. Al fin y al cabo, el caso está pendiente de un juicio que se antoja lejano. De igual modo, seguro que entienden que yo no haga sino reafirmarme aunque sea reconociéndoles algo de antemano: más allá de una abrumadora cobertura periodística que apunta clarísimamente en un mismo sentido o de que los relatos acusatorios sean sostenidos a lo largo de 20 años por personas de distintas generaciones y localizaciones, no sé si esos horrores son infundados o si esos abusos sistemáticos y continuados han tenido verdaderamente lugar. Porque es que, en realidad, desde un punto de vista estrictamente académico, tampoco necesito saberlo.

Sé que la presunción de veracidad de las personas denunciantes merece ser muy tenida en cuenta. Es estadísticamente muy improbable que relatos independientes tan precisos como espaciados en el tiempo sean fruto de una conspiración orquestada a gran escala y no la constatación de un 'modus operandi' criminal.

Existe una ostensible y orquestada reacción ejecutada principalmente por la militancia subalterna de CREA en contra de los relatos acusatorios, que deslumbran por su coherencia

Existe una ostensible y orquestada reacción ejecutada principalmente por la militancia subalterna de CREA en contra de los relatos acusatorios. Estos, por cierto, deslumbran por su coherencia. Es una reacción basada en un extraño –por disparatado– consenso y que se sostiene con argumentos tan sofisticados como peregrinos, incluso estúpidos. Especialmente si reparamos en que gente que se publicita experta incontestable en cuestiones de género por tal o cual rimbombante universidad no oculta un desconcertante afán por silenciar, entre otras presuntas víctimas, a 16 colegas de profesión que han denunciado abuso sexual.

Estrategias comunicativas

Tenemos en preparación un artículo basado en una investigación propia, la cual apunta a que Flecha habría intuido ya en 2016 la aparición de testimonios potencialmente incriminatorios sobre su conducta sexual, trazando desde entonces estrategias comunicativas en su descargo. De confirmarse este punto, estaríamos en disposición de sostener que las defensas actuales a Flecha por parte de gente entusiastamente adepta a CREA no tendrían nada de espontáneo, sino que formarían parte de una misma hoja de ruta iniciada hace 10 años.

Concretamente, lo que podemos afirmar sin ambages es que la autodisolución de CREA responde únicamente a su dimensión jurídico-formal y a su fachada oficial. Con esto último parecería buscarse, nuevamente, victimizar al conjunto del grupo cuando es Flecha quien recibe las acusaciones, en lo que supone una maniobra de redirección de la responsabilidad que podríamos tildar ya de clásica en CREA y que desemboca irremediablemente en la socialización de la culpa. Incluso hay evidencias de que, en este particular grupo, las condenas judiciales se pagan 'a escote'.

Organización autoritaria

Porque CREA sigue existiendo en tanto en cuanto sigue conformando una organización fuertemente jerárquica y autoritaria. Así lo demuestra el despliegue de estrategias que exigen maquinación intelectual y ejecución material. Dicho de otro modo, como en toda organización, se siguen marcando unos objetivos, los cuales se habrán de alcanzar desde un reparto de roles, en este caso caracterizados por una clara distinción entre dirección, administración y subalternancia.

Una investigadora de CREA tiene previsto defender estos días una tesis que mantiene intacto el modelo clásico del grupo: contenido autorreferencial y tribunal 'a la carta'

¿Quieren verlo más claro? Una miembro de CREA ha defendido estos días una tesis que mantiene intacto el modelo clásico del grupo: contenido autorreferencial, 'tribunal a la carta' compuesto por miembros del grupo y dirección de su responsable, la profesora suspendida Marta Soler. La "defensa" pública de esa tesis equivale a afirmar la impunidad del grupo y de su líder máximo. Tal es la impunidad de esta gente que servidor ha sufrido la censura por parte de la presidenta del tribunal, Olga Serradell, al intentar ejercer su derecho a expresarse (la normativa exige que personas detentoras de un doctorado puedan expresarse en la defensa pública de una tesis doctoral).

En este momento y desde que se hicieron públicas las denuncias, la cúpula de CREA calla. Podría pensarse que lo hace por prudencia y respeto a la justicia frente a tan graves acusaciones. No sería para menos en cualquier organización circunscrita a un ámbito democrático. Tamañas acusaciones provocarían un cisma interno, cruces de reproches y tensiones. Nada de esto, sin embargo, se aprecia en CREA. La militancia subalterna repele las informaciones acusatorias con denigraciones a quienes las difunden.

No puedo saber si CREA es una secta, pero sí que, en ese aspecto, el grupo tampoco decepciona

A diferencia de las organizaciones normales, las sectas se caracterizan por una distinción muy marcada entre interioridad y exterioridad. No se puede estar con un pie dentro y otro fuera. No puedo saber si CREA es una secta, pero sí que, en ese aspecto, el grupo tampoco decepciona. Por un lado, estamos ante una organización jerárquica y autoritaria. Sin embargo, su estructura no es típicamente feudal. Toda aquella persona que no asuma, sin matices ni vacilaciones ni la menor predisposición a dialogarlo, una determinada posición (en este caso frente a denunciantes de Ramón Flecha), por delirante e irracional que esta pueda parecer, estará afirmando deliberadamente su no pertenencia al grupo.

"El Einstein de la educación"

La comunidad acaba por patentar comportamientos colectivos grotescos, como cuando Flecha se publicita como "el Einstein de la educación", sin que nadie de dentro alcance a decirle que está haciendo el ridículo. A Flecha se le señala (desde fuera de CREA) por abusos, pero es que esos abusos, en el marco normativo por el que se rige CREA, solo pueden ser relaciones sexuales consentidas, pues el consentimiento es consustancial a la voluntad del gurú, habida cuenta que cualquier momento de intimidad con él es una suerte de privilegio.

Adeptas

Actualmente, las adeptas de CREA que se declaran víctimas de las denunciantes de Flecha representan la mejor prueba de esa jurisdicción propia. En este sentido, quienes defienden incondicionalmente al catedrático no solo exhiben su cautividad, también parecen reclamar la autodeterminación de CREA, su derecho a rendir culto al líder y a declarar su inviolabilidad, su derecho al proselitismo y a extender su majadera visión del mundo al resto de la sociedad.

Las salidas del grupo se encuentran reguladas siguiendo este mismo criterio. Toda valoración mínimamente crítica tiene que provenir de una contaminación externa, lo que es prueba fehaciente de haber transgredido las normas. La pena aplicada es la ejecución violenta a modo de ritual de salida. El acoso masivo a voces discordantes es el más potente mecanismo de coerción, pues funciona como un resorte colectivo que lesiona al tiempo que fomenta la cohesión interna. El acoso colectivo es un indicador robusto de la pobreza democrática de una organización. El grupo acumula condenas por difamación y episodios documentados de acoso, como el sufrido por el catedrático de sociología Mariano Fernández-Enguita hace más de una década. En este sentido, CREA solo puede ser una fábrica de víctimas, se reconozcan o no como tales, pues ante esas condiciones de salida, la permanencia, voluntaria o no, equivale a un cautiverio.

La continuidad de CREA se plantea ahora remachada por una nueva paradoja. El grupo coercitivo de alto control, por ceñirme a la definición de la propia UB, fía ahora su supervivencia a la autodisolución de diciembre de 2025. La estrategia no es nueva, ya en 2015 dejaron de formar parte de la UB, lo que no pareció un impedimento para seguir parasitándola y continuar con su expansión.

Con su autodisolución 'jurídica' , CREA no ha desaparecido sino que parece más protegida legalmente que nunca

Con su autodisolución 'jurídica' , CREA no ha desaparecido sino que parece más protegida legalmente que nunca. Por otro lado, la disolución de las fronteras formales exigirá esfuerzos comunicativos a sus miembros para garantizar la supervivencia, lo que llevará, de conseguirse, a una cohesión interna aún más fanática, especialmente entre su militancia subalterna, que vería aumentada su “solidaridad mecánica” (el concepto es de Émile Durkheim).

Es probable que los cuadros intermedios regionales, instalados principalmente en València, Zaragoza y País Vasco, luchen por recentralizar la organización en torno a sus centros de interés, a pesar del tupido asentamiento en Catalunya. No sabemos el tiempo que la cúpula logrará mantenerse arbitrando estas luchas, pero sí sabemos que el mejor indicador de la salud de CREA será la producción científica y la obtención de financiación. Sin ir más lejos, hace unos días una de sus miembros destacadas anunciaba a bombo y platillo la obtención de más de 2,5 millones de euros de financiación por parte de la Comisión Europea, lo que fue ampliamente celebrado por el 'disuelto' grupo. Y también sabemos que mientras más sana esté CREA, más moribundas estarán nuestras universidades. Ellas disponen de todos los medios para hacerlo, y algunas, como la Rovira i Virgili, lo están haciendo. Exijámoselo también al resto.

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