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Opinión | Gestos de Collboni
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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El paseo de Gràcia

Barcelona apuesta por el Museo Thyssen, un nuevo equipamiento cultural en el centro-centro de la ciudad

Barcelona aprueba por amplia mayoría el futuro Museo Thyssen con “ajustes importantes"

La silueta del Palau Marcet o, si se prefiere, del cine Comèdia.

La silueta del Palau Marcet o, si se prefiere, del cine Comèdia. / MANU MITRU

El mundo está conmocionado por la guerra de Trump. España sigue polarizada. Con un Gobierno muy dividido y una oposición, PP y Vox, que genera recelos. Y Extremadura, más de tres meses después, sigue sin Gobierno. Las confrontaciones y los choques -aunque de muy distinta intensidad- lo dominan todo y el ánimo tiende al pesimismo.

Incluso en Barcelona, la batalla de las municipales de 2023 ha dejado heridas. Por eso no se ha modificado la famosa ordenanza del 30% de Ada Colau, votada por el PSC y Junts, que pretendía atajar el gran déficit de vivienda social y solo ha logrado paralizar la construcción, cuando todo el mundo sabe que aumentar la oferta de pisos es la gran urgencia. El alcalde Collboni y Junts dicen que quieren cambiar el estéril 30% pero no se ponen de acuerdo. ¿Hay veto de Puigdemont a Collboni? Y los Comuns han convertido la norma en un dogma sagrado. De un lado, el progreso -el 30%- y del otro ¡el malvado capitalismo y la corrupción!

Pero, poco a poco, el clima de enfrentamiento va bajando. Y el alcalde contribuye con un mensaje más integrador. Menos sermones y más proyectos que puedan ilusionar, como con Pasqual Maragall. Se ha aprobado una nueva ordenanza de civismo y la comisión de Urbanismo ha dado un paso definitivo para la aprobación del Museo Thyssen en los locales -tristemente abandonados- del antiguo cine Comedia, en la esquina del paseo de Gràcia con la Gran Via. Y, esta vez, el PSC y Junts han votado juntos (con apoyo del PP de Daniel Sirera), frente a un poco comprensible no de ERC y los Comuns.

Era evidente que el antiguo cine Comedia, un edificio característico y con empaque, dejado de la mano de Dios no dignificaba, restaba. Está claro que querer un turismo de más calidad exige incrementar el interés cultural de la ciudad. Y ahora se admite que las iniciativas privadas también pueden potenciar el disfrute de la cultura y el arte.

La Gran Via -difícil de corregir- es una vía de circulación de entrada o salida de Barcelona. Pero el Museo Thyssen no le hará ningún mal. Y al paseo de Gràcia, nuestra gran avenida que atraviesa el Eixample y une la antigua ciudad con Gràcia y el más allá de la Diagonal, le convenía más contenido. Las joyerías y los hoteles de lujo, las tiendas de moda internacionales -más la catalana Santa Eulalia y Zara- y los restaurantes de paso -con el gran éxito de El Nacional- pedían más equipamientos culturales. La Casa Seat en la confluencia con la Diagonal, la Fundación La Pedrera y sus grandes exposiciones, la admirada Casa Batlló y la Casa del Llibre están muy bien, pero el Thyssen -justo al lado de la tienda del Barçaa- será un buen refuerzo.

Y que el museo tenga un amplio auditorio, un restaurante con terraza y una -esperemos- controlada zona comercial, aún lo puede hacer más atractivo. Barcelona ha apostado por otro equipamiento cultural en el centro-centro de la ciudad. Sin dogmatismos ni estrecheces mentales. Es un pequeño pero meritorio consuelo ante la gran amenaza del caos mundial.

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