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Opinión | CORTO Y AL PIE
Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora adjunta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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Si Gaudí empezara hoy: la Sagrada Família y Barcelona

El miércoles entré en la Sagrada Família con mis padres y no había casi nadie. Durante unos minutos, el templo dejó de parecer ese cruce entre parque temático y fondo de pantalla para convertirse en un lugar imponente, sereno y muy nuestro. Mientras avanzábamos por una obra todavía inacabada, que se prolonga desde hace más de un siglo, la pregunta apareció sola: si Antoni Gaudí tuviera que empezar ahora y se presentara en el registro de entrada de cualquier administración, con planos de algo que tardaría décadas en construirse y que nadie podría describir del todo, ¿le dejarían construirlo?

Antes de que la primera piedra tocara el suelo, Gaudí se enfrentaría a un proceso largo, garantista e inevitablemente complejo: informes, evaluaciones, exposiciones públicas, reuniones vecinales, estudios de impacto, alegaciones. Meses que serían años. Años que podrían convertirse en décadas, antes siquiera de empezar. Cuesta imaginar que el proyecto superara el primer filtro: demasiado lento, incierto e invasivo para una urbe que vigila cada metro cuadrado. 

Barcelona es hoy, en realidad, mucho más densa, compleja y frágil que hace un siglo. Regular en este momento no es opcional; es imprescindible. Pero entre la protección y la parálisis existe una línea muy fina. La ciudad la cruza a veces cuando los proyectos se desgastan entre trámites, recursos legales y consensos imposibles. La reurbanización de Via Laietana, la conexión del tranvía por la Diagonal o la transformación de la Sagrera lo ilustran bien; son ejemplos de iniciativas que se enfrían antes siquiera de materializarse.

Afortunadamente, la Sagrada Família ya está ahí. Puede visitarse, como hice yo, un miércoles cualquiera, y también el próximo 10 de junio. Ese día, la ciudad celebrará el centenario de la muerte de Gaudí, con la visita del papa León XIV. Que ese acto sea posible, en el icono del modernismo catalán, dice mucho de Gaudí, que pudo empezarla y cuya visión no se detuvo ante la burocracia de su tiempo.

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