Opinión | MAPAMUNDI
El "no a la guerra", a la alemana
Alemania ha pasado de mostrarse alineada con los objetivos de la guerra de Trump en Irán a proclamar "no es nuestra guerra".

Sánchez conversa con Merz y Von der Leyen tras los roces por la guerra de Irán
El giro de Alemania sobre la guerra de Trump y Netanyahu contra Irán ha sido rápido y rotundo. Si hace dos semanas Friedrich Merz decía en la Casa Blanca, junto al presidente de Estados Unidos, que estaba alineado con el objetivo "de apartar a este terrible régimen de Teherán", ahora, el canciller alemán abjura de un conflicto que teme que derive en "una guerra sin fin" o en un peligroso "colapso del Estado iraní". Su ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha sido todavía más claro: "Esta no es nuestra guerra". En privado, altos cargos alemanes reconocen que no pueden defender una aventura militar sobre la que nadie les ha consultado previamente.
Detrás del giro está el temor al impacto económico de la guerra, no razones humanitarias o políticas. Alemania permaneció prácticamente impasible ante el sufrimiento de los palestinos de Gaza. Se posicionó comprensiblemente con Israel tras los atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023, pero luego no supo ajustar su visión del conflicto a la realidad sobre el terreno: una de las peores matanzas de niños de la historia reciente, una Franja totalmente destruida, un caso abierto por genocidio en La Haya y una orden de arresto por presuntos crímenes de guerra , vigente, contra Binyamín Netanyahu. La "cuestión de Estado" de proteger a Israel les ha dejado ciegos, y no han conseguido ver que las políticas del primer ministro israelí están llevando al país al aislamiento y a una guerra infinita sin horizonte político.
Esa ceguera es la que hace que los alemanes, Merz o la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, salten como un resorte a favor de cualquier guerra que lance su aliado. Hasta que se dan cuenta de que es una carrera hacia el desastre.
La respuesta iraní ha sido estrangular la economía global. Hay una amenaza seria de que todo derive en una crisis económica y otra de refugiados en Europa, como la que se produjo tras el colapso de Siria. Gasolina para la ultraderecha de Alternativa por Alemania.
Alemania ya estaba en horas bajas. A un modelo productivo poco competitivo con China se le sumó el final del gas barato ruso. La economía no crece, las automovilísticas despiden por decenas de miles.
La guerra contra Irán solo beneficia a Israel y Netanyahu, que flaqueaba en las encuestas y tiene elecciones en octubre. El primer ministro israelí llevaba décadas tratando de involucrar a Estados Unidos en una guerra a gran escala contra Irán. La llegada de Trump a la Casa Blanca abrió la mejor ventana de oportunidad: es lo suficientemente imprudente, narcisista y mal aconsejado como para meter a su país en ese avispero.
Trump da claras muestras de estarse arrepintiendo. Busca neuróticamente el apoyo de sus aliados para reabrir el estrecho de Ormuz, sin éxito, y luego carga contra ellos. Un día dice que su objetivo es cambiar el régimen de los ayatolás, otro que se trata de acabar con el programa nuclear. Pero Irán sigue teniendo media tonelada de uranio enriquecido al 60% enterrado bajo las montañas de Isfahán. Salvo que Estados Unidos lance una operación terrestre para extraerlo, seguirá siendo capaz de crear una decena de bombas nucleares o docenas de bombas sucias.
Ahora, además, el régimen, acorralado, tiene el incentivo para intentarlo.
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