
Director de Información Económica de Prensa Ibérica.
Un pelotazo llamado Indra

El técnico de Indra Álvaro Travesedo, con un prototipo de neurocasco para pilotos de aviones militares y ante un simulador de vuelo de su compañía / El Periódico
Érase una vez una empresa que navegaba con el rumbo despistado, con diversas áreas de negocio y una destacada presencia internacional, pero sin saber muy bien a qué se quería dedicar de mayor. Vendía servicios de consultoría tecnológica, desarrollaba sistemas de control aéreo, el billetaje del sistema de metro, de los peajes de las autopistas, los métodos de recuento y difusión de las elecciones, sistemas de banca 'online' y, también, tecnología aplicada a Defensa. Este subsector estaba unido al de transporte y la compañía lo mantenía en un discreto segundo plano. Elaboraba desde simuladores de batalla hasta radares para aviones de combate y sistemas de inteligencia.
Hace cinco años, el valor de Indra en Bolsa se movía alrededor de los 1.350 millones de euros, uno de los más bajos del índice Ibex 35, del que aún forma parte. Despertaba interés porque el Estado participaba en la compañía, entonces con un 18,71% y porque los gobiernos de turno siempre acababan poniendo a un ejecutivo de confianza al frente de la presidencia de la empresa. El 27 de mayo de 2021 el elegido fue Marc Murtra. Copropietario de la consultora estratégica Closa, había trabajado en el pasado como jefe de gabinete del alcalde de Barcelona Joan Clos, donde conoció a un concejal del ayuntamiento de Madrid llamado Pedro Sánchez.
A los accionistas de Indra les tocó la lotería con la invasión rusa de Ucrania y las consecuencias posteriores. De la noche a la mañana, con el beneplácito de la Unión Europea, en aras de buscar una soberanía en seguridad y defensa para hacer frente a la grave amenaza, todo un negocio empezó a ponerse de moda. Indra, que formaba parte de las divisiones menores del sector en Europa, fue catapultado por el Gobierno, que vio en la compañía la cabeza de lanza de una nueva estrategia. El Estado fue aumentando su participación hasta el 28% y en el accionariado se unieron el grupo familiar vasco Sapa (7,94%), la empresa de la familia Escribano, EM&E (14,3%) y el fondo Amber (7,24%), controlado por el financiero Joseph Oughourlian, que tiene el 30% del grupo de medios Prisa.
El valor de la empresa es hoy de 9.200 millones, casi siete veces más. Llegó a 10.000 antes de corregirse esta semana. Murtra, de premio, fue nombrado presidente de Telefónica. Como consejero delegado se mantuvo un histórico del mundo corporativo español, procedente del sector del automóvil: José Vicente de los Mozos. A Murtra lo sustituyó el 19 de enero de 2025 el presidente del segundo accionista de Indra, Ángel Escribano, que fue informado cuando estaba en el circuito de coches de Teruel. A partir de ahí se abrió la veda para definir el crecimiento de la empresa mientras el Gobierno aseguraba contratos multimillonarios y Moncloa veía estupefacto cómo subía imparable el valor de la acción. Todos los accionistas de referencia queriendo influir, especulando con operaciones, algunas entre ellos mismos -la fusión Indra y EM&E- para aprovecharse y seguir sacando rédito de las guerras que hay y habrá. Capitalismo de amiguetes.
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