
Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.
Librerías, kilómetro cero
Cada librero tiene sus gustos y siempre puede descubrirte un título que nadie más había destacado
Sant Jordi inédito en el centro de Barcelona: las paradas de libros y rosas de la Rambla se mudarán al Portal de l'Àngel y la Catedral

Mesa de novedades de una librería. / Alba Vigaray
Faltan un mes y tres días para Sant Jordi. En una encuesta me preguntan cuál es mi librería preferida y les digo que no tengo ninguna. O más bien que tengo muchas. Es como si te piden a qué hijo quieres más. Para empezar está la librería del barrio. Al ser la más cercana, la visito sobre todo en caso de urgencia: si de repente no puedo vivir ni un minuto sin un libro que alguien me ha recomendado (las razones que me llevan a hacer caso de una recomendación son diversas y darían para otro artículo). Pero me doy cuenta de que con los años me he hecho un mapa mental de las librerías de Barcelona y a menudo me organizo las salidas siguiendo esta guía. Si tengo que ir al oculista, por ejemplo, sé que antes o después pasaré por una librería cercana; si salgo a pasear o tengo que tomar el tren, otra, y si quedo a comer con amigos elijo un restaurante cerca de alguna. Y cuando viajo ocurre lo mismo: busco antes si en ese pueblo hay alguna librería.
Existe la idea de que en todas las librerías se encuentran las mismas novedades. Es falsa: cada librero tiene sus gustos y siempre puede descubrirte un título que nadie más había destacado. Además, como contrapunto, las librerías son memoria y crean memoria. Recuerdo algunos títulos queridos por el lugar donde los compré, al igual que asociamos las películas favoritas con el cine donde las vimos. Antes, hace décadas, algunas librerías marcaban el precio en una etiqueta con su nombre o emblema; a veces abro un libro comprado hace tiempo y las reencuentro: Tartessos, Catalònia, Look, Ancora y Delfín, la Tralla de Vic... Revivo fácilmente cómo eran, qué itinerario hacía por entre sus mesas y estantes.
Falta un mes y tres días para Sant Jordi, digo, pero para muchos libreros el Sant Jordi empezó hace semanas. Estos días, cuando entro en una librería, veo su cara de pánico reflejada en las cajas por abrir. Antes del célebre 23 de abril tendremos las vacaciones de Semana Santa, un tiempo ideal para leer tanto si hace bueno como si llueve. No esperen a Sant Jordi. Además, no hace falta viajar hasta la selva amazónica para entrar en una librería: seguro que hay una más cerca.
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