
Director de EL PERIÓDICO
Catalunya y la adultez política

José Luis Rodríguez Zapatero, Manuela de Madre y Pasqual Maragall, el 13 de noviembre del 2003, en el mitin en que el líder del PSOE prometió apoyar el Estatut que saliera del Parlament. / JOAN CORTADELLAS
"Apoyaré el Estatut que apruebe el Parlament de Catalunya". Recuerdo el día, la hora y el escenario. Palau Sant Jordi. Medio embarrado por una prueba de trial indoor. 10 de marzo del 2004. Al día siguiente, las bombas de Atocha. No a la guerra. Y, de repente, Zapatero presidente. El aparato mediático socialista colocó el mensaje sin pensar que eso acabaría pasando. Y pasó. Y se tramitó el Estatut, 3% mediante. Y se elevó a máximos. Pasado el trámite del Parlament, el PSOE anunció enmiendas. La tortura duró un año, desde el otoño de 2005 hasta el verano de 2006. Salió de Barcelona con el aval del PSC, Esquerra, Comuns y la CiU de Mas. Volvió de Madrid sin Esquerra. Algo tiene que ver con lo que ha pasado esta semana, al menos en las formas. Pedir y prometer la luna. En el potaje madrileño CiU/Junts es Catalunya mientras que el PSC y Esquerra son partidos. "Los vascos" son el PNV. Desde aquella frase de Zapatero, en el imaginario político catalán se instaló un verso de Martí i Pol: "Tot està per fer i tot és possible" (todo está por hacer y todo es posible). Para el neopujolismo era dar continuidad a la obra del fundador. Para el tripartito maragallista era una enmienda al alza a los años de Pujol. El 1-O y sobre todo el 26-O acabó con la ensoñación. No se había hecho nada y nada era posible. La deglución de ese momento aún no ha terminado y no han rendido cuentas. La presión judicial les ha eximido de hacerlo.
Con todo, desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno y Pere Aragonès a la de la Generalitat se abrió un tiempo de esperanza en el que parecía que el PSC había dejado de ofrecer promesas incumplibles y Esquerra lo entendía. Y así llegaron los indultos y después la amnistía además de una cierta recuperación de la institucionalidad. Salvador Illa y Oriol Junqueras han perseverado y aquí está la condonación del FLA, la empresa de Rodalies y modelo de financiación acordado con el PSOE. En diez días esa dinámica se ha truncado. Y hemos vuelto al estadio infantil de aquellos años. Catalunya no se lo merece. Esperamos adultez.
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