
Doctor Ingeniero industrial y economista
¿Estamos en un cambio de época?
Una de las razones de las dificultades que tenemos para comprender muchos problemas actuales es que seguimos intentando interpretarlos con categorías heredadas de un mundo que ha dejado de existir

Archivo - Imagen de recurso de inteligencia artificial (IA). / INDRA - Archivo
En las últimas semanas he tenido ocasión de participar en diversos encuentros de debate sobre tecnología, innovación y el futuro de las ciudades. En todos ellos aparecía, de forma inevitable, una misma pregunta: ¿estamos viviendo simplemente una fase más de transición o estamos entrando realmente en un cambio de época?
La impresión compartida por muchos de los participantes es que nos encontramos ante una transición histórica de gran alcance. Y, quizás, una de las razones de las dificultades que tenemos para comprender muchos de los problemas actuales sea precisamente que seguimos intentando interpretarlos con categorías intelectuales heredadas de un mundo que ha dejado de existir.
Las sociedades suelen tardar en adaptar sus marcos mentales a las nuevas realidades. Las instituciones, las políticas públicas y las formas de pensamiento evolucionan con mayor lentitud que la propia transformación económica y tecnológica. Ese desajuste explica, en parte, la sensación de incertidumbre que caracteriza a nuestro tiempo.
No sería, en cualquier caso, la primera vez que ocurre. Las grandes revoluciones industriales de los siglos XIX y XX transformaron profundamente la economía, las ciudades y la organización social. Aquellas transformaciones generaron tensiones y conflictos, pero también dieron lugar a nuevas instituciones, nuevas formas de regulación económica y nuevas ideas sobre la organización de la economía y la sociedad.
Si observamos la situación actual desde esa perspectiva histórica, podemos identificar algunos factores que parecen configurar el núcleo del cambio que estamos viviendo. Veamos algunos.
El cambio tecnológico. La digitalización, la inteligencia artificial, la robotización están modificando de manera acelerada la forma de producir, trabajar y organizar la actividad económica. Una nueva base tecnológica de carácter exponencial, se está ya integrando en la vida cotidiana y en los sistemas productivos.
Pregunta 1: ¿la regulación y el derecho administrativo están adaptados a esta velocidad de cambio?
El aumento de la complejidad del sistema económico y social. Las economías contemporáneas funcionan como sistemas interconectados en las que todo está relacionado con todo y el valor de cada sistema es muy superior a la suma de las partes. Los grandes retos actuales, como el cambio de modelo energético, la economía del conocimiento, los elementos clave del estado del bienestar, entre otros, siguen estructuras mentales de tipo gremial o propios de la cultura industrial.
Pregunta 2: ¿aplicamos metodologías propias de los sistemas complejos?
Con la globalización se integran las economías y los sistemas productivos a escala mundial. A pesar de las tensiones geopolíticas recientes seguimos viviendo en una economía profundamente interdependiente. Las decisiones adoptadas en un punto del planeta tienen consecuencias inmediatas en otros lugares. Los sistemas productivos se organizan a escala global.
Pregunta 3: ¿definimos y aplicamos políticas industriales propias de la globalización?
Las sociedades deberán aprender a desenvolverse en entornos más complejos, más inciertos y más interdependientes
Finalmente, la economía del conocimiento se ha convertido en uno de los motores centrales del desarrollo económico. Como anticipó hace años el pensador del 'management' Peter Drucker, el talento, la investigación científica, la capacidad de innovar y la calidad de los sistemas educativos constituyen hoy el factor decisivo para la competitividad de las economías.
Pregunta 4: ¿fomentamos la economía del conocimiento o seguimos apostando por sectores de baja cualificación y poco valor añadido?
Este conjunto de transformaciones plantea un desafío que no es únicamente tecnológico o económico, sino también cultural. Las sociedades deberán aprender a desenvolverse en entornos más complejos, más inciertos y más interdependientes. Ello exige nuevas formas de pensamiento, nuevas instituciones y formas de gobernanza con nuevas maneras de entender el desarrollo económico y el progreso social.
Las ciudades constituyen un buen laboratorio para observar estos cambios. El urbanismo contemporáneo ya no puede limitarse a ordenar el espacio físico. Debe integrar sostenibilidad ambiental, movilidad inteligente, innovación económica y cohesión social. En ese sentido, la ciudad se convierte en un espacio privilegiado para experimentar nuevas soluciones.
Si realmente estamos entrando en un cambio de época, la cuestión decisiva será nuestra capacidad colectiva para comprender la naturaleza de esa transición y adaptarnos a ella con la mayor urgencia. Como ha ocurrido otras veces en la historia, el futuro dependerá de nuestra capacidad para utilizar la tecnología con visión y con sentido de proyecto colectivo.
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