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Opinión | Tribuna
Marta Vall-llossera

Marta Vall-llossera

Presidenta del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE).

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2026: un año decisivo para la arquitectura del bien común

Los grandes retos urbanos devuelven a la arquitectura al centro del debate público y de las decisiones. Y, precisamente, están en el núcleo del Congreso Mundial de Arquitectos que se celebrará en Barcelona del 28 de junio al 2 de julio

El parque fluvial del Besòs, casi desbordado, el pasado 20 de diciembre, día de intensas lluvias.

El parque fluvial del Besòs, casi desbordado, el pasado 20 de diciembre, día de intensas lluvias. / Jordi Otix

Las imágenes son abrumadoras: viviendas anegadas, miles de personas desalojadas, grandes extensiones de tierra encharcada con la consecuente pérdida de cosechas, decenas de infraestructuras afectadas… Son los efectos del desbordamiento de ríos y de las inundaciones que han provocado las sucesivas borrascas registradas en los últimos meses en nuestro país, cuando la memoria colectiva aún no se ha recuperado de los estragos causados por la DANA, que, en el otoño de 2024, devastó municipios y territorios, principalmente, en la Comunidad Valenciana y Castilla-La Mancha, y de la ola de incendios que, el verano pasado, arrasó buena parte del territorio forestal nacional (en Asturias, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Galicia y Madrid, dejando enormes daños personales, materiales, económicos y ambientales.

Según diferentes estudios, España se encuentra entre los países del mundo más expuestos a los efectos de la emergencia climática. Esto es, a fenómenos meteorológicos adversos cada vez más intensos y recurrentes. Garantizar la seguridad y el bienestar de la población frente a estas situaciones extremas, minimizar el impacto que tienen sobre la economía y proteger el medioambiente y la biodiversidad exige pasar a la acción: desarrollar una cultura de la prevención que contemple intervenciones urgentes en nuestros pueblos, ciudades y territorios capaces de combatir los efectos del cambio climático con estrategias de mitigación y adaptación, y hacer compatible esa cultura de la prevención con la respuesta a otro de los desafíos más acuciantes de nuestro tiempo: la necesidad de vivienda asequible, sostenible y de calidad.

Hacerlo posible requiere, por un lado, el consenso y el impulso de las fuerzas políticas. En este sentido, desde Bruselas, la Comisión Europea viene marcando la pauta desde hace años con diferentes políticas, como el Pacto Verde Europeo, la “ola de renovación” de edificios o la presentación, a mediados de diciembre, del primer Plan Europeo de Vivienda Asequible. En España, estas prioridades se han concretado en iniciativas, como los programas de ayudas a la rehabilitación con cargo al mecanismo Next Generation EU, que han servido para activar una cierta cultura del mantenimiento de los edificios que no existía, y, este año, se aprobarán el Plan Estatal de Vivienda y el Plan Nacional de Renovación de Edificios, que sustituirá a la Estrategia a largo plazo de Rehabilitación Energética de Edificios (ERESEE).

Pero, además del impulso político, resulta esencial la coordinación de las Administraciones Públicas a nivel estatal, autonómico y local, y, dada la envergadura de los desafíos, la colaboración público-privada, la participación e implicación de la ciudadanía y, por supuesto, el criterio y la competencia profesional como requisito sine qua non para que las soluciones que se adopten en el entorno urbano, desde su diseño, respondan al interés general y que perduren en el tiempo.

Estos grandes retos urbanos devuelven a la arquitectura al centro del debate público y de las decisiones. Y, precisamente, están en el núcleo del Congreso Mundial de Arquitectos que se celebrará en Barcelona del 28 de junio al 2 de julio para mostrar al mundo el potencial de la arquitectura para dar respuestas a los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos como sociedad desde la innovación, la sostenibilidad y el buen diseño.

Con más de 200 ponencias, en el Congreso Mundial de Arquitectos se presentarán iniciativas que están enfocadas a la rehabilitación y transformación del parque de edificios existentes como una alternativa sostenible a la demolición y una de las posibles soluciones a la escasez de vivienda; se presentarán investigaciones y proyectos que exploran la reutilización de materiales procedentes de desechos y construcciones previas como una estrategia clave para reducir el impacto ambiental; abordará el impacto del cambio climático en el territorio a partir de experiencias como los sistemas de diques y las infraestructuras de adaptación desarrolladas en los Países Bajos, y se reflexionará sobre la situación de la vivienda a través de experiencias que, dentro y fuera de nuestras fronteras, están apostando por un diseño participativo, gestado y trabajado con las comunidades locales, para que las soluciones habitacionales se adapten a contextos sociales y económicos reales y contribuyan a la equidad y la cohesión social desde una práctica de la arquitectura comprometida con el entorno.

Será una oportunidad única para repensar y apostar por una arquitectura cercana. Una arquitectura comprometida y socialmente responsable, que, como demuestran las obras reconocidas en los Premios ARQUITECTURA, que, este año, llegan a su quinta edición, responde al lugar y a las necesidades de las personas en su día a día, desde el ejercicio de una profesión volcada en el bien común.

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