
Sergio Ruiz Cayuela es investigador postdoctoral del ICTA-UAB, especializado en justicia socioambiental, urbanismo y vulnerabilidad climática
¿La pesadilla de vivir en La Florida?
En un barrio que a menudo se describe como una «pesadilla», el ecosistema barrio de La Florida cuenta una historia diferente: una historia de dignidad, resistencia y futuros colectivos

Escuela Pau Vila, en La Florida (L'Hospitalet) / Jordi Otix
«La pesadilla de vivir en La Florida». Este era el titular de un reportaje aparecido en un telediario español en octubre de 2022. La noticia se centraba en la inseguridad, la ocupación ilegal y demandaba más actuaciones policiales. Una vez más, La Florida se presentaba como un problema que había que contener, en lugar de como una comunidad moldeada por décadas de abandono estructural.
La Florida es un barrio (aunque administrativamente se divide en La Florida y Les Planes) situado en L'Hospitalet de Llobregat, dentro del área metropolitana de Barcelona. Construido a principios del siglo XX para alojar a los trabajadores migrados de zonas rurales durante el auge industrial de Catalunya, creció rápidamente en la posguerra, con la inauguración en 1954 del emblemático complejo residencial Bloques Onésimo Redondo, hoy conocido como Blocs Florida.
Actualmente, La Florida está considerado como el barrio más densamente poblado de Europa, con más de 50.000 personas viviendo en poco más de 0,8 kilómetros cuadrados. Esta cifra es una estimación a la baja, ya que a muchos de sus residentes se les niega el derecho al empadronamiento, y por tanto no aparecen en las cifras oficiales. Más de la mitad de las personas del barrio han nacido en el extranjero, principalmente en América del Sur y Central, el sur de Asia y el Magreb.
La vida cotidiana en La Florida se caracteriza por la precariedad habitacional y la «infravivienda», así como por el acceso limitado a los servicios públicos y los espacios verdes. El nivel de empobrecimiento de las vecinas es alarmante y, según investigaciones recientes, La Florida es una de las zonas con mayor vulnerabilidad climática de la región de Barcelona.
Para muchas residentes, la situación actual no es fruto del azar, sino de lo que describen como «una estrategia de abandono y contención» por parte de las autoridades públicas, a quien acusan de estar “al servicio de un modelo hegemónico neoliberal de acumulación de riqueza”. Las vecinas explican que la zona ha sido sistemáticamente descuidada, y que el malestar social se ha gestionado mediante un enfoque que busca “higienizar” el barrio mediante proyectos superficiales y estéticos, en lugar de abordar las causas estructurales de desigualdad. Esta experiencia se resume a menudo en una frase expresada por muchos residentes: «No somos pobres, estamos empobrecidos».
Lejos de aceptar pasivamente esta realidad, La Florida tiene una larga historia de organización popular en defensa de la autonomía colectiva. Durante las últimas dos décadas, las residentes han construido lo que denominan un “ecosistema barrio”: una densa red de iniciativas que desafían los procesos de desposesión urbana y tienen como objetivo lograr la soberanía cultural, alimentaria y habitacional. Este ecosistema incluye, entre muchos otros proyectos, una cooperativa de consumo, una cooperativa de vivienda, una revista de barrio, un colectivo cultural, varias cooperativas de trabajo, una escuela popular, un grupo de creación textil y una cocina comunitaria. El apoyo mutuo y la colectivización de las tareas reproductivas son la razón de ser de todas estas iniciativas.
Aunque estas organizaciones señalan claramente el papel del ayuntamiento y otras instituciones en la construcción de la desigualdad que azota al barrio, también han desarrollado una relación pragmática con la administración pública. Y es que, siempre bajo la premisa de no comprometer su autonomía, diversas entidades del barrio forman parte de programas de financiación pública. Así pues, convocatorias como las Comunalitats Urbanes o los Ateneus Cooperatius han permitido consolidar el ecosistema barrio, dotándolo de recursos para aumentar el bienestar de las vecinas y crear una cultura de barrio que integra a las diversas comunidades que habitan La Florida.
Esta red de infraestructuras populares que forma el ecosistema barrio tiene efectos positivos en la capacidad de adaptación al cambio climático de algunos de las residentes más vulnerabilizadas, garantizando el acceso a los alimentos, generando trabajo digno y fortaleciendo los lazos comunitarios. Pero en La Florida, la vulnerabilidad al calor y la adaptación al clima no solo se abordan de forma indirecta. También están en el centro de la agenda comunitaria.
Un ejemplo es la respuesta popular a la eliminación de los parterres que rodean los Blocs Florida en 2023. Como parte de un plan de intervención municipal para «higienizar» y «regenerar» la zona, una cuadrilla de trabajadores municipales se presentó una mañana, sin previo aviso, para desmantelar las estructuras de hormigón que sostenían los pocos espacios verdes existentes. Algunas vecinas respondieron inmediatamente, incluso poniendo sus cuerpos delante de la maquinaria pesada, y bloquearon la demolición.
Este acto espontáneo de resistencia no solo tenía como objetivo proteger los parterres. Se trataba de defender uno de los pocos espacios públicos centrales del barrio, donde las vecinas se reúnen, descansan y encuentran sombra. El bloqueo fue posible gracias a un fuerte sentido de identidad colectiva y apego al lugar, cultivado a lo largo de los años y consolidado a través del ecosistema barrio.
Otro ejemplo relevante es el grupo comunitario La Florida Es Planta, que lucha por conseguir más espacios verdes en la zona. Una de sus acciones en respuesta a la demolición de los parterres consistió en una medición de temperatura, encontrando diferencias de hasta 18°C entre zonas verdes y espacios asfaltados. Esta y otras acciones se han convertido en una herramienta para concienciar y visibilizar la desigualdad térmica en el barrio.
El grupo también gestiona un banco de semillas de libre acceso con especies adaptadas a las condiciones locales y anima a lxs vecinxs a crear jardines y huertos en sus balcones y en cualquier pequeña parcela disponible en el espacio público.
Estas experiencias confirman la importancia de las infraestructuras populares y las redes comunitarias para hacer frente a la actual crisis ecosocial agravada por el cambio climático. Es el caso del ecosistema barrio de La Florida, una red interdependiente basada en procesos de comunalización y apoyo mutuo capaz de ofrecer respuestas colectivas a los procesos de vulnerabilización climática.
En un barrio que a menudo se describe como una «pesadilla», el ecosistema barrio de La Florida cuenta una historia diferente: una historia de dignidad, resistencia y futuros colectivos.
Firman este artículo Sergio Ruiz Cayuela y La Florida s’Aveïna
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