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Opinión | CORTO Y AL PIE
Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora adjunta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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Marc Puig, el fin del presidente todopoderoso

José Manuel Albesa (izquierda),El nuevo consejero delegado de Puig, junto con el presidente ejecutivo, Marc Puig, en una imagen de la compañía.

José Manuel Albesa (izquierda),El nuevo consejero delegado de Puig, junto con el presidente ejecutivo, Marc Puig, en una imagen de la compañía. / Cedida

Puig corrige el paso y admite que ya no puede gestionarse como antes, aunque quizá ha tardado demasiado. El grupo de perfumería catalán salió a bolsa en mayo de 2024 y, casi dos años después, separa los cargos de presidente y consejero delegado. El movimiento parece responder más a la presión del mercado y al escrutinio de los inversores que a una convicción estratégica temprana o al deseo de cumplir con los estándares de buen gobierno.

Pese a la tardanza, la medida es positiva porque las estructuras muy personalistas, incluso las más exitosas, tienden a ser contraproducentes. La nueva configuración permite a la compañía diferenciar estrategia de ejecución. Marc Puig, como presidente ejecutivo, se libera de las decisiones operativas diarias. La gestión recae en un ejecutivo externo, José Manuel Albesa, con experiencia global. A su vez, el nuevo director financiero Miguel Ángel Serra refuerza la capacidad de la empresa de gestionar sus recursos y mejorar la comunicación con los mercados. Esta arquitectura profesionalizada promete mayor disciplina, decisiones más ágiles y credibilidad fortalecida frente a inversores y socios internacionales. Además, abre la puerta a una gobernanza equilibrada, con controles internos sólidos y responsabilidades claras en todos los niveles.

Los riesgos, sin embargo, siguen ahí. La presión del mercado no desaparece y, de hecho, ayer la acción de Puig, muy castigada desde la salida a Bolsa, se dejó un 0,75% hasta cerrar a 15,86 euros. En este contexto, el consejero delegado deberá ganarse la confianza de la organización y equilibrar la visión familiar con las exigencias de resultados. Mantener la cultura y los valores de Puig es otro desafío. La profesionalización no debe diluir la identidad que ha hecho fuerte al grupo de perfumes.

Con todo, la renovación de la cúpula directiva deja a la empresa mejor situada para afrontar los retos de un mercado global competitivo. El próximo 14 de abril actualizará su estrategia y sus proridades de largo plazo. Será el primer examen real para la nuevos ejecutivos de Puig, que necesitan combinar control, profesionalización, crecimiento sostenible y rentabilidad.

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