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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Estabilidad... y complejidad

Illa retira los presupuestos pero firma un pacto con Junqueras para negociarlos de nuevo antes del verano y aprobar un suplemento de crédito que mientras tanto permita funcionar a la Generalitat

Illa retira los presupuestos y Junqueras diluye la exigencia del IRPF para seguir negociando

Oriol Junqueras y Salvador Illa juntos esta semana en un acto en el Palau de la Generalitat.

Oriol Junqueras y Salvador Illa juntos esta semana en un acto en el Palau de la Generalitat. / MANU MITRU

Salvador Illa ha retirado los presupuestos para evitar que fueran tumbados por la enmienda a la totalidad de ERC. El president sufre así un tropiezo relevante y se visualiza que su mayoría operativa es limitada. Y Junquera lo ha solemnizado.

Pero Illa no se equivocó al presentarlos, pese a no tener el sí definitivo de ERC. Demostró que tenía voluntad de gobernar pactando -con el difícil acuerdo con los Comuns- y obtuvo el respaldo de los empresarios (Foment, Pimec y otras entidades) y de los sindicatos (UGT y CCOO), que levantaron acta de que -ideologías y detalles aparte- en estos momentos convulsos -en España y en el mundo de Trump- Catalunya necesita presupuestos.

Quedaba pendiente el sí final de ERC pero Illa lo creía factible y no le gustan los retrasos. El pacto de investidura de la financiación especial de Catalunya se estaba cumpliendo con el proyecto de nueva financiación autonómica, cuyo anuncio solemne -deferencia relevante- no lo hizo la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, sino el propio Oriol Junqueras, tras su muy relevante encuentro con Pedro Sánchez en La Moncloa. Y además se ha acordado el Consorcio de Inversiones para evitar la tradicional escasa ejecución en Catalunya de las inversiones presupuestadas por el Estado.

Y el PSC creía -al menos decía- que ERC estaba a punto. Pero no ha sido así. Un fracaso que solo se salva, en parte, por el comunicado conjunto del PSC y ERC, en el que las dos formaciones dicen que se dan un tiempo extra para pactar los presupuestos y que, mientras tanto, la Generalitat seguirá funcionando con bastante normalidad gracias a “un suplemento de crédito”. Se entiende que relevante (5.000 millones sobre un presupuesto de 49.000). Esperando que después de junio y de las elecciones andaluzas, el Gobierno Sánchez dé pasos respecto a que Catalunya recaude el IRPF, la excusa esgrimida ahora por ERC.

No hay aún presupuestos, pero sí voluntad de pactarlos y, además, un relevante suplemento de crédito, no varios y engorrosos. La estabilidad parece pues asegurada -como dice Illa- pero, eso sí, acompañada de la gran complejidad de la política catalana.

Illa está lejos de la mayoría absoluta (42 diputados frente a 68) y la independentista ERC tiene otra hoja de ruta y por ello no ha avalado ahora los presupuestos. Lo del IRPF es una excusa porque no depende de Sánchez sino de que la ley sea aprobada en el Congreso y además, ante las elecciones andaluzas y con una mala racha en las autonómicas de Extremadura, Aragón y Castilla y León, Junqueras sabe que Sánchez no puede “aplastar” a su vicepresidenta -candidata en Andalucía- como hizo con Pilar Alegría en Aragón. Andalucía es de largo la comunidad con más diputados en el Congreso y fue durante muchos años -Felipe González, Alfonso Guerra y Manuel Chaves- plaza fuerte del PSOE.

Que el president pueda gobernar, sí. El líder de ERC no quiere parecer un irresponsable ante los empresarios y los sindicatos, para quienes los presupuestos son tangibles y relevantes. Pero tampoco que arrolle

Entonces, ¿por qué el no de Junqueras? Primero, porque ERC no está totalmente normalizada -Junqueras fue reelegido con poco más del 50% de los votos y cuanto más se visualice que tiene fuerza más consolidará liderazgo. Segundo, para dejar claro que si Puigdemont es decisivo para Sánchez en Madrid, él también lo es -no es menos que el de Waterloo- y lo demuestra haciendo que Illa tenga que retirar sus presupuestos. Teóricamente o porque el PSC le ha mentido, o porque Sánchez no hace caso al PSC. Y tercero -a no olvidar- que cree que en las próximas elecciones catalanas -con Junts en mala posición por el ascenso de Sílvia Orriols- solo habrá dos candidatos con opciones: Illa y él.

Que Illa pueda gobernar, sí. Está pactado y Junqueras no quiere parecer un irresponsable ante los empresarios y los sindicatos, para quienes los presupuestos son tangibles y relevantes. Pero tampoco que arrolle. Que tenga que rectificar, sudar la camiseta y se visualice que ERC (y él) tienen un poco la paella por el mango.

Estabilidad sí, pero… Responsabilidad, la obligada. Y mucha complejidad. El PSC son 42 escaños y ERC 20. Son muy distintos y se tienen que juntar y, además, también deben contar con los 6 de Jessica Albiach. ¿Y el centro-derecha? O no existe o -si es Puigdemont y sin amnistía- está en otra guerra. Catalunya es tan plural que, con ocho grupos parlamentarios, tiene un pecado grave de complejidad.

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